Desde Holanda: Narcocorridos y pederastas

A propósito de la detención del Chino Ántrax en Schipol, los periódicos locales mencionan los narcocorridos que éste protagoniza.

Claro que a ojos de los holandeses México es un país corrupto que no conforme con hacerse de la vista gorda con ciertos  delincuentes, además los engrandece. De ninguna manera estoy a favor de los narcocorridos, pero aquí mis paisanos holandeses no pueden tirar la primera piedra.

Después de varios intentos no han podido prohibir la asociación de pederastas “Martijn”. Hasta los más altos tribunales ha llegado la petición de miles de ciudadanos, sin éxito. Martijn, fundado en 1982, edita una revista trimestral y el motivo por el cual siguen existiendo es el mismo por el que los narcocorridos se siguen escuchando: el derecho a la libertad de expresión.

Mientras existan seguidores de estas dos aberraciones, habrá plataformas que las sostengan, para frustración de los demás. En el caso de los narcocorridos su popularidad nos dice muchas cosas: queremos dinero fácil, los malos son héroes, el fin justifica los medios. El sueño de muchos es aparecer en fotos con cuernos de chivo y trajes de lujo, y el sueño de muchas atrapar a uno de esos.

Ahora que se sabe la cuenta de Instagram de José Aréchiga Gamboa, alias el Chino Ántrax, no hay más que ver los comentarios de las fotos. Comentarios llenos de halagos, de admiración, de envidia. Si en algo tienen razón los holandeses, es en señalar la indiferencia de las autoridades mexicanas. Uno de los hombres más fuertes del narcotráfico se pasea por el mundo presumiendo su dinero, sus armas, su poder, y nadie hace ni dice nada.

Los periódicos locales subrayan que éste ni siquiera era buscado en México, donde el cártel tiene a las autoridades bajo su control.

El Chino Ántrax no es el primer peso pesado de la delincuencia organizada que es atrapado en Holanda. Ya han caído antes italianos y rusos, por ejemplo. Pero en su caso trataban de no llamar la atención, y en el caso que nos ocupa, el uso de las redes sociales muestra que José Aréchiga Gamboa estaba lejos de sentirse perseguido. Todos sabemos por qué.

No importa qué partido político esté en el poder. La delincuencia organizada es el poder. Aquí en los Países Bajos el soborno en masa es impensable. Es frustrante asimilar la distancia tan grande que hay entre México y Holanda en cuestión de transparencia. Parece tan fácil y es tan difícil. Tanto orgullo y tanta vergüenza.

Tanto por hacer y tan poco tiempo; suponiendo que todavía hay algo por hacer y suponiendo que todavía hay tiempo, porque el sistema está corrupto en todos los niveles y esa enfermedad es incurable. Sólo nos queda pensar que somos más los que queremos un país honesto, a los delincuentes en la cárcel y un dinero ganado con esfuerzo, y que más temprano que tarde, las cosas empezarán a cambiar.