Desde Holanda: La fiebre naranja

El inicio del mundial de futbol se acerca y poco a poco todo se tiñe de color naranja. La bandera holandesa tiene los colores azul, blanco y rojo pero el color nacional tradicional se debe al apellido de la familia real: “van Oranje”.

Los supermercados están llenos de botanas anaranjadas en forma de papas fritas, frituras de maíz, empanizado de cacahuates, aderezos y salsas. En la sección de carnes sobresalen los marinados color naranja en todo aquello que camine, vuele o nade. Las tiendas de todo un poco anuncian sus vestidos, blusas, camisetas, baberos, mamelucos, chupones, biberones, bolsas, sobrecamas, fundas de teléfonos y tabletas y mil cosas más con imágenes de la camiseta oficial de la selección, balones, silbatos, la copa y todo aquello relacionado con Brasil 2014.

Pero esta fiebre futbolera no ataca solo a los comerciantes; algunos fanáticos decoran el frente de su casa con todo tipo de parafernalia futbolera holandesa, con concursos de la calle más “naranja” del país incluidos. Aquí el futbol se toma muy en serio y en muchos casos es algo de vida o muerte. El 2 de diciembre del 2012 murió un juez de línea cuando fue golpeado por jugadores inconformes con su actuación tras un partido entre dos equipos conformados por adolescentes. Padres de familia y jugadores causaron con sus golpes que Richard Nieuwenhuizen, de 41 años, falleciera al día siguiente.

Ya el año anterior había fallecido un árbitro de 77 años después de que un jugador lo pateara en el pecho y aparte de estos casos fatales, hay varios casos de agresiones graves. Este problema no solo se limita al futbol amateur: en la final de la copa holandesa de abril pasado, los aficionados del Ajax lanzaron bengalas al terreno de juego tres minutos después del silbatazo inicial. Tras media hora el juego pudo reiniciar y Ajax perdió 5-1 contra Zwolle. Los hooligans holandeses están entre los más peligrosos de Europa e igualan en estupidez a sus semejantes en Reino Unido, España, Turquía e Italia.

Nunca he entendido de qué va esa recua de machos alfa. Su vida consiste en ser fanático de un equipo, organizar actos vandálicos y asegurarse de publicarlos en páginas de internet especializadas. Patético.

En fin, que de cara a Brasil también han empezado las otras campañas: esas que se enfocan a luchar contra la pedofilia y la prostitución. Ojalá solo fuera futbol, pero el mundial también significa muchas otras cosas y sus consecuencias van mucho más allá de lo deportivo.

La última copa estuvo a punto de quedar en Holanda, y cada cuatro años es lo mismo aquí: ahora sí, esta es la buena. Esa es mi ventaja como mexicana; no tener el estrés de pensar que México estará en la final y que luego alguien nos gane. No. Disfrutaré los partidos de todos, le diré adiós a México en los octavos de final, si bien nos va, y me alegraré cuando Brasil gane la copa y se acabe aquí la fiebre naranja.