Desde Holanda: Hay cosas que no se dicen

La relativa novedad de las redes sociales nos hace a veces trastabillar en su uso. Debería ser como aprender a manejar un carrito a control remoto; tras algo de práctica podemos ir derechito y sin volcarse. Pero no; por desgracia muchos siguen chocando con todo y no aprenden.  

No abundaré en los famosos casos de la hija de Peña Nieto, alias la Princesa de México, ni de la Lady Piojosa, que ya han recibido su castigo por medio de las mismas redes sociales, sólo diré que nunca hay que escribir un mensaje cuando estamos muy enojados. Si sentimos que nos explota el alma si no contestamos algo, lo prudente es esperar hasta al día siguiente, cuando ya se nos haya bajado el coraje. En caso de haber metido la pata, favor de remitirse a la premisa 1: Las redes sociales no olvidan. Si cometió un error, pida disculpas por el mismo medio a la brevedad posible y reiteradamente.

Facebook no es un psicólogo. Contarle nuestros problemas o publicar que estamos tristes o deprimidos es lo mismo que salir a la calle con leggings de leopardo: sólo se quiere llamar la atención. Contrario al efecto buscado, nuestros contactos no pensarán “oh pobrecita, cómo me preocupa, iré a verla”. Pensarán: “otra vez lo mismo con esta emo, bipolar, inestable emocional”. Si se siente mal remítase a la premisa 2: En caso de tener problemas, hable personalmente con alguien de su confianza.

Vale la pena recordar que gran parte de las ofertas de trabajo se dan vía nuestros contactos, así que si sigue posteando que tiene más problemas que un libro de matemáticas, adivine quién pensará en usted para esa maravillosa oportunidad laboral. Exacto. Porque hay cosas que pasan, nos avergüenzan, nos hacen sentir mal pero no se dicen; como traer en la cabeza todo el día la canción del gato volador, por ejemplo. Premisa 3: Cuide a sus contactos y no los atosigue, algún día pueden hacerle el favor de su vida.

Mención aparte merecen las “selfies”. Si usted está de buen ver, bájele tres rayitas a su ego, y si está feo, deje de atormentar a sus contactos. Para los que sufren de selfitis, remítanse a las premisa 4: Las “selfies” únicamente son apreciadas por la familia directa (posiblemente sólo por su madre, y ella no tiene Facebook). Si no puede parar con su feo vicio, por amor de Dios use los filtros de privacidad, no las mande a todo el mundo. Recuerde también la premisa 3.

Si se trata de postear fotos de comida, a menos que se trate de su doctor o nutriólogo, a nadie le importa qué come. Lo mismo aplica para los que postean cuándo y dónde hacen ejercicio. Esto es peligrosísimo en combinación con las “selfies”, porque corre el riesgo de que sus contactos comenten que mucho ejercicio pero que se ve igual.

Por último llegamos al tema de las fotos picantes. Si usted es hombre, quedará como un depravado. Si es mujer, quedará como una calenturienta. Use los filtros y su buen juicio, en especial si es maestro, médico, periodista, político o personaje público.