Desde Holanda: El sistema de justicia holandés

Nada tan contrastante como el sistema de justicia mexicano y holandés. En México queremos todo el peso de la ley y castigos ejemplares. En Holanda creen en el arrepentimiento y en la reinserción social. Lo que tienen en común es que los ciudadanos de ambos países no creen que su sistema sea justo.

Hablando de Holanda, recuerdo mucho un caso. El señor X por ir revisando su Facebook mientras conducía, chocó y mató a la conductora de otro vehículo y a su pequeño hijo. El señor X no iba tomado ni bajo la influencia de ninguna droga. Tras oír su declaración la policía lo dejó ir. Sólo es casos especiales el acusado permanece en la cárcel hasta el día del juicio.

¿Qué dictó la justicia para el señor X? Pues nada menos y nada más que 300 horas de trabajo comunitario. ¿Pero que no iba distraído viendo su teléfono? Según el juez “su sinceridad sobre la causa del accidente le mereció reducción de condena, pues sin su cooperación nunca se hubiera sabido la causa del percance”. Dos vidas a cambio de limpiar las calles.

¿Qué pasa con un caso más grave? Cuando Anthony K. violó y mató a la hermana pequeña de su novia en octubre de 2011, recibió una pena de 20 años de cárcel. Esto después de pasar por una serie de exámenes psiquiátricos, pues los acusados con un coeficiente intelectual bajo o con algún tipo de problema psicológico por lo general obtienen una condena más baja.

Personalmente entiendo que una psicosis pueda justificar esto, pero que la estupidez sea un atenuante, no.

En casos especiales cuando la pena es mayor a cuatro años de cárcel, el juez puede además sentenciar al acusado a TBS, que es un tratamiento psicológico que puede o no tener fin.

Por ejemplo, en el caso del mayor pederasta de la historia de Holanda, Robert M. que abusó de más de 80 niños cuando trabajaba en una guardería en 2010, el juez lo condenó a 20 años de cárcel además de TBS. Saldrá algún día de la cárcel, pero puede que nunca salga de la clínica si consideran que el riesgo de reincidencia es muy alto.

Esto del tratamiento psicológico suena bien, pero por desgracia no en todos los casos se puede aplicar. Anita C. escondió los cuerpos de tres recién nacidos suyos en diferentes años y cuando fueron descubiertos dijo que habían nacido muertos. Las autopsias no pudieron probar que ella los hubiera asfixiado, como alegaba la parte acusadora, así que la dejaron libre sin cargos.

Claro que los exámenes psicológicos mostraron un coeficiente intelectual muy bajo. ¿Qué mujer aquí tiene aún embarazos no deseados?, ¿Por qué tras el primer embarazo se volvió a embarazar no una, sino dos veces?, ¿No es mucha casualidad que los tres bebés hayan nacido muertos, como ella dice? Ese sí que es un caso para el psiquiátrico.

En la parte de “Cartas de los Lectores” en todos los diarios del país se puede leer la frustración que casos como este provocan en la gente. La percepción es que la justicia es muy blanda y demasiado inocente.

Aquí no es cuestión de dinero. No hay sobornos ni amenazas, ni la justicia es una para ricos y otra para pobres. La impartición de justicia es difícil y no puede ser objetiva; hay muchos aspectos a tomar en cuenta y siempre habrá inconformes. Vivir en un país donde la corrupción no tiene cabida es casi una experiencia surrealista.