Descuide, no es un panfleto

Por Ana Celia Pérez Jiménez

En estos días de solitud, me parece importante defender la individualidad de fundamentos propios; defender lo que se piensa, incluso si únicamente esto sea una creencia; defender lo que se es, lo que se palpa y también aquello que sólo se imagina, defender la vida, así como la muerte. Darnos cuenta del motivo y si no es del motivo, de la ignorancia con arraigo, pero partir del yo y darnos el valor latente, separarnos de la multitud, tener el coraje de así hacerlo y romper algo de los lazos con esta esclavitud moderna. No somos iguales, todos únicos, con apariencias semejantes, dormidos ante el oleaje de la sociedad que siempre labora y que poco descansa. En el propósito de dejar infértil a la mente, comerle y devorarle sus mejores años; cortándole la imaginación y mofándose de lo que pueda parecer infantil, dejan al adulto manipulable y son colores. El obediente siempre es premiado, eso me lo enseñaron en casa y lo reafirmaron en la escuela.

La vida de todos puesta sobre una balanza, del otro lado el riesgo el dinero, lo que se necesita y en el espectro mental, descartando y formulando, a prueba y error. Me doy cuenta que con los años no comprábamos flores, pagábamos por las ramas, las hojas de relleno, la pequeña nubecita, el plástico y hasta el moño; nos daban un arreglo grande y rebosante, con tarjeta y dedicatoria, carente de lo esencial, pero siempre nos vendieron bien la idea, ¡tener el detalle!

Nos tienen como bulbos de almacén, pudiendo estar iluminando una ciudad entera, pero nos tienen esperando hasta volvernos obsoletos; esperando vivir como queremos, esperando vivir de lo que siempre soñamos, esperando ser uno mismo, esperando tener tiempo, esperando el aumento, esperando ser valorados, esperando que nos den amor, porque se nos enseñó siempre a esperarlo de afuera, cuando es producto interno con denominación de origen, pero ese es otro cuento y otro cauce.

Hay que pronunciar palabras propias, digeridas y pensadas, no hay que contaminar más el ambiente con enunciados repetidos, sin reflexión y comunes, que ya hay mucho merolico de pueblo y otros tantos nacionales. Es tiempo de ser una pieza, de meter todo lo aprendido en un filtro y mil preguntas, saber de dónde viene el hilo, de donde viene la orden, de dónde venimos nosotros mismos, el miedo, la estructura social, el orden labor y bueno, ya me estoy yendo un tanto lejos. Ya no cuestiones tu nombre, sólo hay que limpiar bien los frijoles, para separar las piedras del primer bocado.