Des-velar

Por Ana Celia Pérez Jiménez

No todo por lo que pasamos en el día y con quiénes lo pasamos podemos asegurar de conocer en su totalidad, no los vemos y sabemos en todas sus versiones y formas, así la vida y su conteo de páginas no consecutivas, dimensiones y profundidades.

Hay espejismos que se desdoblan y sirven de confort, no porque todo sea crudo y desgarrador, pero nunca se nos enseñó tocar el agua de la piscina tirando el brinco desde el más alto trampolín.

¿Será que solo vemos y notamos eso que estamos listos para confrontar? Bueno, es claro que la vida a veces nos avienta algo inesperado que nos desequilibra y tardamos tiempo en digerir y procesar, por lo mismo que no lo veíamos venir, no estábamos listos y no era algo esperado.

Pero cuando reposa la verdad ante nuestros ojos y no lo vemos, ¿será por qué no tenemos los lentes necesarios para observarle? ¿O es porque mentalmente no queremos notar eso porque estamos en otro tema, emoción, objeto, persona?

Me parece interesante como muchas veces el que está dentro de una determinada escena, problema o circunstancia es el último en darse cuenta de la burbuja alrededor de él, mientras el resto lo observa con claridad y definición.

Será que las emociones, sentimientos y lo adjunto también disfraza a las personas, intenciones y objetivos. Cuando vemos al otro, vemos lo amado, su título hacia nosotros, la idea, la historia y todo aquello que resalta como etiqueta sobre lo conocido y reconocido y una parte de nosotros con ellos. Y dejamos afuera lo nuevo, lo que trae, lo que carga, lo variante, sencillo y deliberante.

Es por eso que muchas personas y cosas no cambian, somos nosotros los que hemos cambiado y con ello nuestros ojos, receptividad y niveles. Y el mundo es distinto, el otro, sus palabras, las condiciones y no hay más para que ayude ni una oración que componga.

Puede ser que delante y frente de nosotros este la respuesta, lo buscado o totalmente todo lo contrario, pero si no estamos listos para levantar ese telón, para pelar esa capa, no hay nada y nos vamos en otra cosa, en un vagón con el destino más próximo y sin paradas, ya que el verdadero lugar y fin no lo percibimos, no estamos listo.

No siempre despertamos a la realidad, despertamos a otro sueño ese que quisimos y pudimos fabricar, pero si nacimos, al menos eso creo en este mundo circular y de ciclos, pero entre las huellas, la pupila y el cabello muchos se arrullan, sin despertar o parpadear al tronar los dedos.