Derecho no privilegio

Por Maru Lozano Carbonell

Todos tienen derecho a la educación, se dé como se dé. Los tutores de los menores, desde preescolar hasta preparatoria, tienen obligación de hacer que la reciban.

Sucede que la pandemia nos está trayendo incertidumbre, debilidad económica y pobreza en muchos sentidos. Se lee por las redes un desconcierto total.

Veamos desde la óptica del docente: El maestro trabaja más. Pone de su bolsillo los medios para poder impartir sus clases en línea. Su estrés y poca capacitación las tiene que procurar él. Tendrá que tomar cursos extra costeados por él mismo para aprender a educar a distancia, tendrá que lidiar con un sueldo menor porque le han quitado bonos que hacían que su sueldo fuera un poco más decente. Si puede, aceptará su salario menos el número que pensaste ya que no habría por qué pagarle días festivos ni recesos escolares. Tendrá que adquirir su uniforme y portarlo en todo momento. Gastará de su dinero en dispositivos, internet y también para adornar el espacio que utilizará en casa para sus clases. Si tiene más de un grupo, ¡a chambear mucho! Habrá que planear de una manera diferente cada sesión grabando videos -lo cual lleva horas- editando, calificando, dando sesión en vivo, preparando material a diario, contestando a papás y un largo etcétera.

Veamos desde la óptica del dueño de la escuela: Preocupado porque el negocio se viene abajo, hay que pagar impuestos, luz, agua, rentas, empleados de administración, intendentes y prefectos, entre otros, aunque no haya movimiento ahí. Quizá ya han pintado mil veces la cancha y las bardas, ya no hay más qué hacer. Reducir gastos o cerrar podría estar pensándose. A los docentes no hay por qué pagarles tanto si la verdad, varias sesiones dejan mucho qué desear y se reciben quejas de los papás. El gobierno no ha ayudado en nada con esquemas emergentes.

Veamos desde la óptica de los papás: Tengo poco o nada de trabajo, menos o nada de salario, tener a los hijos en casa cuesta más. Ni aprenden así y la realidad es que no se tienen los medios de antes, ¡no soy maestro! Quizá haya que decidir a qué hijo darle escuela. Es difícil compartir horarios y espacios.

Veamos desde la óptica del menor: Si es niño, ellos no comprenden mucho esta situación hasta que no regresen a la “nueva normalidad” y se depriman al notar que los brincos, abrazos y convivir de cerca no será posible por largo tiempo. Que sentarse entre acrílicos será de lo más raro, que tratar de sostenerse así sabrá Dios qué resultados dé.

Si se es adolescente: Estar en casa estresa y si se es estudiando en línea, la experiencia de sólo recibir instrucciones en plataformas y atosigar con fechas de entrega es odioso. Tener que compartir dispositivos con los hermanos y quizá con los papás es muy incómodo. Horrible tener que enseñarles cómo se usan. No tener privacidad ni poder convivir en persona y en redes, ¡enferma! No hay sentido.

Lo que se vive podría ser peor que el virus si no platicamos todos y acordamos formas, tiempos, espacios, ingresos, egresos, etc. Que el hábito no decaiga porque es lo que empieza a dar sentido y equidad.

Urgente y a la mesa: los del gobierno, empresarios, trabajadores y familias ¡por favor!