Democracias suicidas

Por Daniel Salinas Basave

A diferencia de las teocracias o monarquías absolutas emanadas de un “infalible” derecho divino, la democracia es (utilizando términos nietzschianos) humana, demasiado humana y como tal se asume falible e imperfecta. No hay democracia sin errores y a menudo las mayorías parecen aferradas a tropezar con las mismas piedras.

Pese a ello, estamos de acuerdo en que la democracia es el menos perjudicial de los sistemas políticos existentes y en cualquier caso es mejor equivocarse en las urnas que ser sometidos por la fuerza y el terror de una dictadura totalitaria. En el mundo actual hemos aprendido a desarrollarnos en democracias viciadas o de plano fallidas.

El problema es que en 2016 parecemos estar entrando en la era de la democracia suicida. Más allá de un espejismo o una salida en falso, en este año hemos visto ejemplos de naciones empeñadas en acuchillarse a sí mismas. Me refiero concretamente a Gran Bretaña, Colombia y muy posiblemente a Estados Unidos.

Hace tres meses una nación culta y civilizada, matriz  mundial del sistema parlamentario, decidió enterrarse un cuchillo en el vientre. En una decisión impulsiva e irracional motivada más por los riñones que por la razón, los británicos optaron por abandonar la Unión Europea. No hacía falta ser un politólogo o un doctor en economía para intuir que semejante decisión es el equivalente a arrojarse a un pozo de recesión, carencia y nuevos conflictos sociales, pero la rabia y el sentimiento antieuropeo fueron más fuertes.

El pasado domingo, los colombianos tuvieron en sus manos torcer el rumbo de la historia y acabar con medio siglo de guerra, pero inexplicablemente el no a la paz sentó sus reales. Un país en donde varias generaciones han nacido y crecido entre heridas de guerra dijo no a la cicatrización y se pronunció por seguir sangrando.

Sin embargo, la verdadera hecatombe planetaria irrumpirá si el próximo 8 de noviembre los estadounidenses eligen a Donald Trump como su presidente. Aquí no hay engaños ni vicios ocultos ni cabría el pretexto del desengaño. Trump no es lobo con piel de oveja. Es lobo con piel de lobo, déspota con piel de déspota, basura que ni siquiera intenta ocultar su hedor. Al magnate no se le puede acusar de hipócrita, pues con total desparpajo y burdo cinismo se muestra tal cual es.

El problema es que ante sus votantes, sus defectos son sus mayores virtudes. Una masa embrutecida e ignorante integrada en su mayoría por blancos resentidos sin educación, puede con el poder de su voto y la divina imperfección de la democracia llevar al mundo a una catástrofe. Por desgracia el voto de un redneck amante de las armas o el de un merolico pentecostal enemigo de la ciencia, tiene en la democracia el mismo valor que el voto de un doctor de Harvard. La democracia de la bilis, el voto del odio y el puño cerrado se imponen a cualquier vestigio de razonamiento. Un suicidio muy democrático, una autoinmolación en el altar de sacrificios decidida por las mayorías. Nunca la democracia me había parecido tan peligrosa y tan ciega como ahora.