Democracias genéticamente desarrolladas

Por Manuel Rodríguez

 

“La primera condición para cambiar la realidad consiste en conocerla”. Eduardo Galeano

El problema del presidente Enrique Peña Nieto es que está cometiendo graves errores históricos, que van a traer como consecuencia una previsible ingobernabilidad. El país ya no aguanta ser gobernado con las recetas autoritarias de antaño.

Sus últimas declaraciones públicas me transmiten nerviosismo. Y a pesar de que la oligarquía lo presiona para dar declaraciones con las que tal vez él en lo personal no comulga, se ve rodeado de insensibles asesores que lo alejan de la realidad.

El Presidente tiene que entender que la percepción de que el uso de la mano dura es necesaria, ya no es una creencia popular generalizada como lo era hace 45 años, antes de la masacre de Tlatelolco.

Las regresiones autoritarias pueden traer consecuencias nefastas para el constitucionalismo y el estado de derecho.

La definición aristotélica de la vida en sociedad me llevó a buscar una explosión conceptual que tuviera que ver con el fenómeno adulterado de democracia que tenemos.

Y separándome de algunos autores como Federico Reyes Heroles que definen nuestro sistema como una “democracia restringida” o el historiador Lorenzo Meyer que afirma que nuestro régimen es “liberal autoritario”, propongo que la nuestra sea definida como una “DGM” (Democracia Genéticamente Modificada), ya que después  de la finta democrática que el sistema permitió en el año 2000, nuestro tipo de democracia ha empeorado en su forma de organización y sobre todo en su legitimidad.

Cómo dice mi abuelita, estábamos mejor, cuándo estábamos peor. La DGM es un producto adulterado por los laboratorios de guionistas de novelas y sets de producción privados de influyentes consorcios televisivos que al amparo de una concesión de televisión abierta buscan apoderarse del ánimo presidencial.

Por decir lo menos, el Leviatán de Hobbes, se transformó en un Frankenstein novelado, con un aspecto tan aborrecido por la sociedad que denigra hasta a la más horripilante de las criaturas de una película de ultratumba.

La pregunta de todo constitucionalista: Es sí puede una DGM funcionar como tal cuando sus ciudadanos, por los motivos que sean, se niegan a creer en una memoria fabricada, con historias que enmascaran la realidad y cultivan la nostalgia.

Por ello, en México no hay riqueza que no resulte por lo menos, sospechosa. Lamentablemente la semilla de la democracia no germinó de forma natural en México porque la clase poderosa no tenía la convicción de esos valores, ni tampoco hizo nada por educar a la población de cómo ejercer de forma positiva esas garantías individuales consagradas en los primeros 29 artículos de nuestra constitución.

Es la legalidad y la certidumbre jurídica lo único que puede encaminarnos por la ruta de la prosperidad. Si el aparato educativo no fomenta valores liberales, sirve de poco a la estabilidad democrática, y más si ésta fue genéticamente modificada por libretos televisivos. Los países con mayor nivel educativo son más respetuosos de la Ley. La educación de calidad es nuestra única salida, empecemos pues con clases de historia en Los Pinos.