Del terciopelo negro a la marea roja

 

Por: Guadalupe Rivemar Valle
 
Antes de entrar en materia, quiero expresar mi admiración y respeto por aquellos periodistas y/o escritores que se centran en un solo tema y lo desarrollan con singular maestría, con orden y sabiduría. Por mi parte, me declaro incompetente para mantener una línea de pensamiento que me lleve por un solo camino, recto de principio a fin. Y no se me ha olvidado que aquí debo cumplir mi promesa de comentar sobre el libro que tengo junto a mi, escrito por el doctor, maestro y artista Roberto Rosique: Del arte en terciopelo negro al arte instalación. Y sé también que aunque aquí y ahora, el tema caliente (paradoja), está volcado en la detención del Ing. Jorge Hank Rohn, yo debo centrarme, concentrarme y cumplir, pese a que cuando me dirigía muy seria, a un lugar silencioso para escribir, me quedé enfrascada en el tráfico por el llamado de la manifestación pacífica, en defensa del ingeniero. Taxis, camiones, gente con camisetas rojas, con pancartas, con cachuchas, con camisetas que decían: “Todos somos Hank”, me salían al paso. Pero yo debía concentrarme en mi lectura y cumplir… pensé mucho en detenerme a rondar a ver qué pasaba en la ciudad, ser testigo de un momento histórico y me preguntaba, si no asistí al triunfo de los Xolos ¿también me perderé de este evento? Curiosamente hoy que escribo se celebra el Día de la Libertad de Expresión y aquí me siento a mis anchas, pues nadie me obliga a escribir sobre esto o aquello, y si bien dispongo, puedo inventar otra ficción, una realidad alterna o una ocurrencia literaria que a veces, son las más celebradas.
 
Cuando escucho hablar de la pintura en terciopelo negro, pienso en Marilyn Monroe y Elvis Presley, pienso en la Avenida Revolución de Tijuana, pienso en Vladimir Cora, cotizado pintor que en su paso por esta ciudad, se dedicó, como muchos otros, a pintar sobre terciopelo negro. Nos cuenta Rosique del auge que tuvo este tipo de pintura en nuestra ciudad, en la década de los años sesenta, cuando eran tan populares los bodegones o desnudos femeninos, que se maquilaban y eran firmadas, no por los artistas sino por los dueños de la fábricas. Y cita el autor en sus notas a Tony Maya, pintor que por cierto, dejó un registro urbano único de Tijuana con sus dibujos a tinta. Tony era parte del paisaje de la ciudad, prácticamente vivía en las calles y era un cronista nato a quien aún habrá que hacer justicia y reconocer, recopilando tanto sus crónicas como sus dibujos. El trabajo de Roberto Rosique por eso es importante, por lo que nos da como referente para escudriñar en la historia de la plástica tijuanense y finalmente ubicarla en un contexto más amplio.
 
También se mencionan tres momentos detonantes para el impulso creador o creativo, de muchos artistas jóvenes que ahora viajan por el mundo con sus obras. Se refiere al Festival Internacional de Estandartes dirigido por Martha Palau, al festival de arte Instalacion InSITE, coordinado por Michael Krishman y Carmen Cuenca, y Tijuana Tercera Nación, articulado por el controversial Antonio Navalón. Tres eventos de características singulares, de naturalezas muy distintas, pero finalmente cada uno fertilizó el terreno para el lanzamiento de nuestros artistas, a las ligas mayores. Claro, antes el autor nos da cuenta de la formación autodidacta de muchos artistas pioneros, hoy veteranos de la pintura, y nos coloca al punto de seguir un registro cercano de las generaciones que surgen a partir de la creación de la licenciatura en Artes Plásticas de la UABC. Rosique pone sobre la mesa su trabajo, y lo mejor que podemos hacer es destacar el valor de su investigación, enriquecer ese camino andado por décadas y fortalecer una versión local de nuestra historia. La nuestra. Quedan muchas páginas más por escribir, muchos momentos por rescatar y no solo en esta disciplina, también en el teatro la danza, la música, ¡vamos!, hay mucho que hacer. Mis respetos para este autor que si se concentra, pues finalmente, disperso que es uno, cuando me encontré con la dichosa manifestación, después de mucho pensarlo, estacioné el carro y bajé para unirme a la multitud.