Defender la democracia con uñas y dientes

Por Claudia Luna Palencia

En el siglo XVIII, Montesquieu argumentó que si el pueblo entero es en la República dueño del poder soberano estamos en una democracia; si el poder soberano, afirmó el jurista y filósofo francés, está en manos de una parte del pueblo se trata de una aristocracia.

Tres siglos después, la democracia vive enferma, tiene signos y manifestaciones de debilidad preocupantes, el cáncer que la consume desdibuja a una sociedad que cada vez se siente menos representada, las generaciones de votantes nuevos están desencantadas y el votante tradicional o se ha quedado en casa o se ha radicalizado creyendo que con un fuerte voto de castigo obtendrá todo aquello que a lo largo de los años ha ido perdiendo: fundamentalmente ingreso y calidad de vida.

Lo que en el siglo XXI debería recordarse, casi como un tatuaje indeleble en la piel de las personas, es que la democracia y vivir en libertad, son dos grandes conquistas políticas y sociales que en muchos países han sido ganadas con sangre y sufrimiento.

Esto no ha sido de a gratis: ha muerto gente para que haya elecciones, surjan instituciones que velen por la salud de la democracia; tengamos urnas, sistemas electorales y la lucha por el voto ha sido feroz, incluyendo el femenino, el voto de las personas de color; y el voto en el extranjero de los connacionales.

Hoy cuando el deterioro de nuestra vida política es evidente y con cierto desdén cada vez nos negamos más a no ir a votar, cedemos entonces espacio para que una minoría decida cómo seremos gobernados porque una mayoría indecisa, harta y desencantada, está metida debajo del paraguas del ostracismo.

Lo que no puede esconderse más es que atravesamos una severa crisis, un cisma diría yo, en los sistemas políticos liberales en momento aciagos cuando los modelos autoritarios emergen con más fuerza a raíz de la pandemia.

Desde Estados Unidos, hasta Italia, Reino Unido, Israel y el caso de otros países latinoamericanos, sea Brasil o México, la polarización, la pérdida del centro, la desilusión, el discurso del odio y del miedo han ido rompiendo el tejido sociopolítico, fragmentándolo pero fundamentalmente confrontando al ciudadano entre sí; convirtiéndolo en enemigo del otro bajos soflamas irracionales y retrotrayendo un discurso que no debería tener más cabida en sociedades modernas. Todo ello solo ha contribuido a debilitar más a la democracia.

En realidad este cáncer se retroalimenta de todo este desaliento y la democracia va cediendo. Si hacemos una prospectiva a partir de los escenarios actuales, el riesgo real que corren las sociedades futuras es vivir, antes de que concluya este siglo, en diversos modelos políticos autoritarios, con una libertad coartada. Esa libertad que es también una gran conquista teñida de sangre.

Cabeza descanso – A colación

El fin de semana en México, un río de cientos de miles de personas en diversas partes del país, salieron a las calles a defender la autonomía de sus órganos electorales y segundo, la preeminencia de los mismos.

El mandatario populista, Andrés Manuel López Obrador, quiere no solo cortarle el presupuesto al Instituto Nacional Electoral (INE) para usar esos recursos en 2023 (un año preelectoral para las presidenciales) para subsidios a la gente que a él le interesa conservar su voto; sino también pretende echar abajo dicho organismo para reformarlo y volverlo popular; es decir, que a los consejeros electorales los elija el pueblo con una votación que el mandatario prácticamente manejaría a su antojo.

Solo los tiranos en el ejercicio del poder se preocupan de minar a la democracia para manejarla a su antojo y lo hacen primero, alterando a la Constitución como por ejemplo, Xi Jinping en China o Vladimir Putin en Rusia; pero también atacan a los órganos electorales, tal y como lo hizo Hugo Chávez en Venezuela, primero y luego, Nicolás Maduro.

Todo forma parte del mismo cartabón. Sin órganos independientes, con el Legislativo en sus manos, la Constitución a merced, la ciudadanía polarizada y el pueblo viviendo en medio de una odisea de “pan y circo” con un sistema que busca empobrecer más a la gente para tenerla sobreviviendo, con unos subsidios que deben agradecer votando por el Señor de las Dádivas.

A López Obrador se le acaba el tiempo para realizar las maniobras políticas que desea llevar acabo, nadie sabe bien cuál será su estrategia, si lo que él pretende es quedarse otros seis años más en el poder o facilitarle a su partido Morena su estancia en la Presidencia.

Aquí en Madrid, un grupo de mexicanos residentes ha salido con pancartas para protestar también por las pretensiones de López Obrador con el INE. El grupo gritó consignas en la calle enfrente de la casa de Quirino Ordaz, embajador de México en España.

A la democracia hay que defenderla, luchar por su prevalencia, por revitalizarla y sumar a más y más personas para que no flaquee ni se convierta en un instrumento al arbitrio de un tirano ambicioso y voraz.