Decisiones difíciles

Por Dianeth Pérez Arreola

En diciembre platicaba con mi mejor amiga sobre la película “Las Horas”, y de cómo nos había impresionado. A mí me impactó la historia protagonizada por Julianne Moore, quien un día deja su perfecta vida en los suburbios y se aleja para siempre del rol de esposa y madre que ya no quería más.

El abandono del hijo causa lástima y a muchos, hasta coraje. A otros nos deja pensando hasta que punto las mujeres anulamos nuestros deseos por poner los de nuestros esposos e hijos primero, porque eso es lo que se espera de nosotras y cuando alguna no lo hace, es duramente juzgada.

Claro que la historia de “Las Horas” es muy radical; la madre rehace su vida en otra parte, y el hijo, aquejado por el virus del VIH, termina suicidándose. El director de la película, Stephern Daldry dijo que el tema principal no era la depresión feminina ni la ambiguedad sexual, sino el alto costo que hay que pagar por tomar decisiones difíciles.

¿Debe una mujer ir tras sus sueños?, ¿debe hacerlo si esto afecta a su familia? La respuesta varía según el nivel de dicha afectación y también según la personalidad de cada mujer. Aunque las madres abnegadas están al borde de la extinción, falta mucho para lograr la igualdad a la hora de juzgar las decisiones y motivos de hombres y mujeres.

Hablábamos también de una amiga mutua y los eventos que nos llevaron a un distanciamiento con ella. La línea entre la obligada honestidad en una amistad y el derecho a no interferir en la obstinada costumbre de tomar malas decisiones, es muy difusa.

La cuestión es que oír verdades incómodas no pasa desapercibido en comparación con la callada complacencia de ser confidente de los mismos errores. ¿Es mejor amiga la que habla con la verdad y te confronta, o la que escucha tus problemas sin discutir tus razones?, ¿está bien ser testigo de una espiral de problemas sin interferir?, pero también ¿quiénes somos nosotros para decirles cómo vivir su vida?, ¿no es nuestra opinión un juicio disfrazado de consejo?

Hace mucho alguien me preguntó que si valoraba más el amor o la amistad. Yo contesté que la amistad, porque mis amigos siempre serían mis amigos, pero mis relaciones amorosas podían ser temporales, sobre todo si me obligaban a elegir.

Una decisión muy difícil saber qué decir y cuándo decirlo, pero también cómo reaccionar a consejos o críticas. Cuando digo que en unos años quiero regresar a México, algunas reacciones van en el sentido de que cómo voy a dejar a mi esposo si él no quiere ir, las oportunidades que le quitaría a mis hijas al llevármelas del primer mundo, o la tranquilidad que voy a perder al irme a un país con tanta violencia.

Lo que he aprendido es que las decisiones de cada quien dependen de circunstancias muy particulares. Los consejos dados y recibidos se toman bajo el entendido que nacen del cariño y la preocupación, pero como dice el dicho, nadie experimenta en cabeza ajena.

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