¿Debe ser el lugar de trabajo como una “familia”?

Por Héctor Fernando Guerrero Rodríguez

Varias empresas hoy en día están en una constante búsqueda de elementos que puedan atraer y retener a su mejor talento. Entre estos elementos está el darse a conocer por tener un buen ambiente, lo cual es un concepto muy amplio que va desde la inclusión, diversidad, respeto mutuo y tolerancia, el ofrecer al lugar de trabajo como una segunda casa o una extensión de la misma. Pero también se ha llegado a recurrir o pretendido construir un ambiente en el que todos en la empresa sean como una familia.

De inicio éste último puede sonar como una muy buena idea, como algo que puede resultar atractivo e impactar positivamente en la cultura organizacional y en los resultados de la empresa. El especialista en desarrollo de capital humano Joshua A. Luna indica que lo anterior es totalmente lógico ya que, al pasar la mayor parte de nuestro tiempo en un ambiente laboral es muy probable que puedan generarse relaciones similares a las que se tienen en un contexto familiar. Pero también afirma que éste es uno de los mayores errores que llegan a tener las empresas ya que, aunque hay aspectos positivos de una familia que pueden replicarse en un ambiente laboral como son el respeto, el cuidado de unos con otros, el sentido de pertenencia, también hay otros que pueden terminar perjudicando más que los beneficios que pudiera obtenerse.

Una de las desventajas es que pueden cruzarse fácilmente los límites de lo personal dentro de un contexto que debería ser mayormente profesional, lo cual impacta negativamente con colaboradores que prefieren llevar de manera privada aspectos de su vida personal, pero que pueden sentirse a obligados a compartirlos con su “familia” ya que, de no hacerlo, pudieran empezara ser excluidos ya sea consciente o inconscientemente por el resto del grupo.

Otro aspecto que no es tan benéfico es la interpretación que se le da al concepto de la lealtad. Aunque a primera vista el que los colaboradores sean tan leales a sus líderes como lo son con su familia suena como un estado en el que todas las compañías deberían aspirar, la realidad es que es muy fácil que se pueda malinterpretar ya que, aunque lo que se espera es que al igual que en una familia el trabajador esté dispuesto siempre a ayudar a los demás de manera desinteresada, también está el aspecto negativo basado en investigaciones que se han realizado dentro de las empresas en las que se demuestran que individuos leales en culturas de “familia” suelen tener más probabilidades de encubrir situaciones faltas de ética, a permitir maltrato u hostigamiento laboral, llevar a cabo actividades no relacionadas con su empleo entre otras más, ya que prevalece el pensamiento de ¿Cómo voy a traicionar a mi “familia”?, lo que resulta en un estrés que se traduce en una reducción en el desempeño y productividad. Más que un ambiente de familia termina siendo uno en donde se tiende a abusar el empleado.

La recomendación en lugar de crear una organización en la que se fomente una “familia” es la de generar una cultura de equipos que tengan un mismo objetivo por el cual se trabaje de manera solidaria, todos bajo los mismos valores donde los límites sean claros. A diferencia de una familia, los colaboradores si rompen vínculos de manera definitiva ya sea por una mejor oportunidad, jubilación o incluso porque así conviene a la compañía, pero al final de cuentas por una razón o por otra los vínculos laborares son temporales y romperlos no debe tomarse como algo personal. Una realidad innegable tanto de la perspectiva del colaborador como de la empresa es que un empleado siempre será temporal y remplazable, una familia no.