De la mano con Serrat

Por José A. Ciccone

Mis amigos son gente cumplidora. Que acuden cuando saben que yo espero. Si les roza la muerte disimulan. Que pa’ellos la amistad es lo primero.

En la última semana del año pasado -27 de diciembre- cumplió 8 décadas de vida el inmenso Joan Manuel Serrat, el que supo acompañarnos desde nuestra juventud -le copiábamos su tono de voz, la forma de hablar y su acento-, seguimos de su mano, oyéndolo hasta la adultez y más allá, porque sus canciones guardan vigencia, encantan, tienen sentido y siguen reflejando realidades. Fiel a sus creencias, allá por el setenta y dos, supo enfrentar al sombrío dictador Francisco Franco, grabarle en sus narices y gritar Para la Libertad, poniéndole música a uno de los mejores poetas españoles, el iluminado y malogrado Miguel Hernández -si aún no lo leyeron, háganlo-, es tiempo para el disfrute.

El mismo Serrat que nos llevó de la mano con el inspirado Antonio Machado y su Cantares donde nos recuerda aquello de Caminante no hay camino, se hace camino al andar. También nos dejó poemas de León Felipe y Rafael Alberti. No se olvidó que El Sur también existe y le puso música, al talento enorme de Mario Benedetti. Cantó tangos con ganas Y el alma del suburbio se quedará sin voz, de El último organito, nos deleitó cantando en guaraní la dulce Che pykasumi o Mi tortolita, no se olvidó de otros genios musicales latinoamericanos como Roberto Cantoral, Violeta Parra o el tocayo José Alfredo Jiménez.

En sus composiciones, Joan Manuel emplea, tanto la hipérbole como la sinécdoque con discreción y precisión en su poesía, recurre a las metáforas en su punto más creativo, la recordación de su música y letras superaron, con creces, la prueba del tiempo que casi todo lo desgasta. Varias generaciones las cantaron y siguen vigentes como el primer día.

Los melómanos, amantes de la buena música y de las poesías sentidas, le estaremos siempre agradecidos a este juglar moderno con pronunciados aires de eterno. 

El joven Serrat, que allá por los años setenta, en Buenos Aires, provocó que el público le llenara el escenario con barquitos de papel, acompañando una de sus inolvidables canciones. El que supo cantarle a la vida, con Aquellas pequeñas cosas que nos descubría que ‘lloramos cuando nadie nos ve’. Sus personajes tocan todas las facetas y situaciones posibles de un ser humano. Le habló a su familiar Mediterráneo y a un maniquí De Cartón Piedra donde nos enseñó que ‘mañana es sólo un adverbio de tiempo’, al amor por Lucía o aquel Pueblo Blanco que colgaba de un barranco, a la picardía del Tío Alberto, le dedicó A quien corresponda un llamado de atención por el deterioro social y nos hizo un llamado a la conciencia con El hombre y el agua, el relato más preciso y claro que oí sobre el vital líquido, rematado con un ‘cuídala como cuida ella de ti’  o nos recordó que, igual que en este recién estrenado 2024, todavía hay en las calles, algún niño silvestre como él los pintó magistralmente, enterneció con Esos Locos Bajitos que tuvimos en casa, supo llamarnos la atención con que Hoy puede ser un gran día.

Estremecernos, en catalán o español, con sus Palabras de Amor que la gente cantaba al unísono, hasta hacer vibrar de emoción al más duro. El mismo que le cantó a Benito y su compañero en condición de calle, un tema conmovedor y realista. Hace unos pocos años, también nos dejó esa perlita inolvidable que fue la gira realizada junto a Joaquín Sabina, otro gran compositor y cantante. Los aplaudieron y disfrutaron más de dos millones de personas en vivo.  

El Serrat que con sus últimos conciertos no cerró ciclos, sólo puso pausas, el Joan Manuel que todavía hoy, nos hace sacudir de emoción con su poesía incomparable, disruptiva y valiente como en sus comienzos. Perenne, mirando al futuro en modo inquieto, trabajando y creando a lo grande, hasta que Dios lo llame al concierto final.

Un gracias infinito para este hombre que supo hacernos la vida más grata.

¡Que sean muchos años más, maestro! Para seguir cumpliendo con la vida.