Cursos con las tres “C”

Por Maru Lozano Carbonell

Capacitación, calidad y convivencia. Si quieres que tu empresa tenga éxito, contempla esto. Y por empresa entendemos que involucra recursos humanos y materiales.

Pero ¿qué sucede cuando el “curso” al que nos mandan es aburrido y solo se trata de observar diapositivas, “A” le dice a “B”, etc. Se siente que el tiempo se ha perdido y más, ¡que se ha perjudicado en el proceso toda la jornada laboral!  Es decir, la empresa lo hace por cubrir el requisito ante la STPS y a los empleados no les queda otra opción.

Curso no es lo mismo que capacitación real. Una capacitación debería estar enfocada en las verdaderas necesidades de la compañía y sobre todo, en las habilidades que se desean conseguir de los trabajadores. De ahí partir a buscar. 

Si de requisitos hablamos, es importante ver qué instructores tiene la Secretaría del Trabajo o qué sociedades intermedias cuentan con registro para que sea válida mi capacitación. Pero, ¿has pensado en contar con un Departamento de Capacitación con registro que incluso te genere recursos adicionales? ¿Has visto tener convenios con universidades que puedan aportarte? ¿Has explorado con otras empresas de otros países para apoyarte de manera virtual?

Es importante entonces, saber las necesidades y luego contar con un plan de capacitación que tenga objetivos, los contenidos, la metodología y la evaluación de la capacitación. Cuando contratamos a alguien, nos da un temario, duración, honorarios, etc., pero es tan importante platicar “cómo” da el curso.

Se entiende que de repente da miedo capacitar bien porque se nos pueden ir, sin embargo, la capacitación no debe ser vista como un evento aislado, sino como un proceso continuo que permita a los trabajadores mantenerse actualizados, ¡solo así mejorarán sus habilidades!

Si quieres tener un primer éxito, no les muevas el horario y que la capacitación se lleve a cabo dentro del horario laboral, en la medida de lo posible. Si le agregas el “plus” de la convivencia ofreciendo comida, celebración al finalizar con entrega de reconocimientos, se arraiga el corazón de la gente.

No es que queramos contratar cómicos, pero asegúrate que la capacitación sea memorable y desde un ambiente entretenido. Deben hacer todo lo posible por encantar a los participantes con las materias a tratar y, para esto, deben abordarse con creatividad y dinamismo.

Se debe evaluar y dar seguimiento a la capacitación inmediatamente después y en un seguimiento en la aplicación de ésta en el día a día del trabajo. 

Que el instructor sea humanista para garantice que se centra en la persona y su aprendizaje, no en solo transmitirle información como lo hacen muchos. Que sea empático, que mueva a la gente a la acción, al darse cuenta de cómo están y hacia dónde pueden llegar con su aprendizaje.  Pide recomendaciones a tus colegas.

Usualmente un grupo de empleados ventilan las inconformidades con los instructores del curso, si te llega esa información, te recomiendo que se imparta primero algo de integración, o busca un curso de trabajo en equipo basado en “Los seis sombreros para pensar” de Edward de Bono para que comprendan bien, por ejemplo.

La mejor inversión está en el recurso humano, piensa en ellos, parte desde sus necesidades y gestión de emociones. ¡Te rendirá más!