Culparé al inverno

Por Ana Celia Pérez Jiménez

Todos buscamos aún el milagro, esperamos sin así saberlo, aquello que nos despierte o sencillamente nos pesque y salir de este lago, de este lago de indiferencia y crueldad, que nos orilla, que nos hace andar de prisas por las calles, por la vida, por los sentimientos. Somos extraños a nuestro mundo interno, y eso nos cambia la visión del mundo que nos rodea, el trato que le damos, el trato que nos damos.

Estas fechas me hacen sentir que mi libro se cierra, el libro de mi vida, tantas hojas que cargo a cuestas y de un solo lado; no me canso de vivir, pero quizá a veces o a momentos, si de recordar.  Me gustaría decir que manipulo lo que pienso y siempre soy selectiva, pero mentiría y eso de mentir no me funciona tanto, y estas fechas de festejos me duelen, me duelen porque me recuerdan tiempos anteriores, no mejores, pero sí pasados.

Y extraño el mundo que alguna vez para mí fue, extraño tiempos pasados donde ciertos habitantes despertaban y dormían en esta tierra, como lo hacía yo.  Extraño el amor de los que ahora me son extraños. Extraño, porque eso me recuerda que siempre he sentido, no más que el resto, pero siempre más de lo que yo me he sentido capaz y eso es algo que debo admitir siempre me ha gustado. Mi habilidad en la vida es el darme cuenta, mi habilidad en la muerte, ya tendré tiempo de descubrirla.

No extraño a los que tengo, y a los que tengo los amo. El amor me ha llevado lejos, el amor me ha dado todo, el boleto y la estadía. Lo que añoro no me carcome, ni me abre la herida, sino todo lo contario, me hace sentir y mientras yo sienta, y encuentre al mundo, sus días, sus personas y sus fechas provocándome, estaré satisfecha, sabiendo a ciencia cierta que mi corazón sigue latiendo, que todavía me encuentro con vida y que en esencia, nunca me he faltado.

Estos días tienen sabores y aromas, llegan cargados de melancolía, melancolía que también es un regalo, que recibimos aquellos que minuciosamente nuestras alegrías contamos.