Cuenta regresiva

Por Dianeth Pérez Arreola

Cada vez son más las madres de la escuela de mis hijas que se enteran que me voy a México con mis hijas al terminar el siguiente ciclo escolar. Todas reaccionan con sorpresa, tipo “wow, qué gran cambio”, o “debes estar muy emocionada por el regreso”.

Pensé que su reacción iba a ser de preocupación, por qué irse a un país menos privilegiado, por decirlo con tacto, aunque en el fondo ya me lo he preguntado yo de forma más cruda, no una sino mil veces.

Si, no es una decisión fácil, pero está tomada. Nuestra mudanza no es la primera fase de un divorcio, ni el disfraz de una separación. Al parecer es muy difícil para muchos aceptar y entender que el amor pueda sobrevivir a la distancia.

Que mi marido me deje tomar decisiones drásticas sobre mi felicidad me parece la mejor prueba de amor que pueda darme. El amor no está condicionado por el tiempo, la distancia, los hijos o las costumbres. Una deja de amar o sigue amando estando lejos o cerca, con hijos o sin hijos, queriendo guardar las apariencias o no.

Mi esposo siempre supo que mi estancia en este país tenía fecha de caducidad, y más triste que vivir lejos y los riesgos sentimentales que eso implica, me parece peor tenerse que quedar porque “no hay de otra”, porque nunca en los inicios de la relación planteaste la posibilidad de volver, porque sabes que tu pareja nunca aceptaría irse a tu país, porque tal vez significaría que te puedes ir tú, pero sin tus hijos.

Yo admiro a mis compatriotas que saben que vinieron para quedarse. Admiro su determinación y su seguridad, ojalá pudiera sentir eso, pero no puedo. Quiero estar con mis padres, ser parte de la vida de los sobrinos que desde hace poco he empezado a tener, quiero y necesito a mis amigas de la juventud, como quiero y necesitaré a las que dejaré aquí.

Quiero retomar mi vida profesional, que tanta falta me ha hecho en este país. Siento la urgencia de hacer todo lo que hubiera hecho de haberme quedado. Siento que la vida se me va rápido y quiero alcanzarla, ponerme al día, otra forma de regresar el tiempo.

Eso no quiere decir de ninguna manera que vea mi tiempo aquí como perdido o desperdiciado. He formado una familia, aprendí holandés, hice otro estudio y ahora hago un doctorado, un reto muy deseado que es el cierre perfecto de mi ciclo en Holanda.

Quiero que mis hijas experimenten como lo hice yo, lo que es tener verdaderos lazos familiares, que es algo difícil en este país; quiero estar con mis padres y que mis hijas disfruten de su compañía, que conozcan y convivan también con sus primos y tíos; que vayan a los sitios a los que yo iba de niña, que se enamoren de mi país, que su mexicanidad no se limite a su acta de nacimiento y que algún día sus alas crezcan y les permitan volar a los sitios donde esté su felicidad.