Cubriendo al Pantocrátor

Por Adriana Zapién y Valente García de Quevedo

Haciendo un recuento con Valente sobre los sucesos que me impactaron de 2020, estaba la noticia del 25 de julio anunciando que el presidente turco Recep Tayyip Erdogan encabezaba dentro de Santa Sofia las oraciones del Corán, marcando la reconversión a mezquita de este icónico edificio, considerado una joya de la arquitectura bizantina y catalogada como patrimonio de la humanidad por la Unesco en 1985.

Santa Sofia, del latín “Hagia Sophia” significa “Santa Sabiduría”, fue construida como basílica cristiana ortodoxa en 537, bajo el mandato del emperador Justiniano I. Siendo hasta la caída del Imperio Bizantino en 1453 la sede de la iglesia de oriente, equivalente la iglesia occidental en Roma, misma que tomó su jurisdicción por un corto periodo convirtiéndola en catedral católica durante la Cuarta Cruzada de 1204. Que regresó a la ortodoxa 57 años después.

Este imponente edificio, más que un símbolo de fuerza religiosa mostraba el gran poder del imperio bizantino, que por sus dimensiones llegó a ser el templo más grande del mundo. Y como símbolo de poder, durante 1500 años ha sido basílica, mezquita, museo y en 2020 nuevamente mezquita.

Bajo el dominio del imperio otomano, el sultán Mehmet II en 1453 la convierte en mezquita, siendo la más importante de la ciudad, para lo cual además de añadirle elementos que la transformaran, como los minaretes, cubrió con yeso todos los rastros de decoración cristiana, incluidos los majestuosos mosaicos. Entre los cuales estaba el de la Virgen y el Pantocrátor que forman parte de las joyas del arte bizantinos del complejo.

Cuatrocientos ochenta y un años después, los mosaicos bizantinos fueron descubiertos nuevamente para ser admirados, gracias a que en 1934 el presidente Mustafá Kemal Atatürk la convierte en museo como parte de la transición a la Turquía laica, simbolizando unidad. Acto que los viajeros agradecemos porque pudimos conocer en su fase de museo el edificio, con sus rastros históricos cristiano ortodoxos y musulmanes a la vez.

La efigie del Pantocrátor es la figura de Jesús que representa la imagen del arte bizantino y románico del Dios omnipotente que trasciende a la forma humana. Pantocrátor viene del griego que significa “todopoderoso” y representa a Jesús con una mano derecha dando la bendición, las escrituras en la mano izquierda y la cabeza rodeada de una brillante aureola. Imagen difundida en todo el mundo cristiano de oriente y occidente en esas épocas.

Después de ochenta y seis años siendo museo, el diez de julio de 2020 el presidente Erdogan firmó un decreto para convertir a Santa Sofia nuevamente en mezquita, anulando el decreto ministerial de 1934 que secularizaba el edificio, reabriéndolo para oraciones religiosas islámicas, lo que implicará ver qué sucede con los mosaicos bizantinos que por lo pronto serán cubiertos con cortinas blancas a la hora de la oración.

El teólogo Ulmit Ozdemir celebra la conversión diciendo “Santa Sofia es mezquita por derecho de conquista ejercido por el sultán Mehmet igual que antiguas mezquitas de España ahora son iglesias”, una declaración totalmente fuera de contexto para nuestros días, pues lo que se le olvida a este teólogo es que hoy ya no caben las reconquistas, sino la multiculturalidad y la diversidad como dos de las tres mega tendencias del siglo XXI.

Y me quedo más con la corriente del teólogo suizo Hans Küng que en su defensa al diálogo interreligioso dice que “No habrá paz entre las naciones sin paz entre las religiones”. Por eso tal vez sería mejor que esta joya arquitectónica del bizantino siguiera siendo un museo y se ahorrarían muchos disgustos.

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