Cuarón y la democracia europea

Por Dianeth Pérez Arreola

Hace unos días hubo un evento en Ámsterdam sobre el presente y futuro de la democracia europea, donde el cineasta mexicano Alfonso Cuarón apareció en el programa a última hora.

El filósofo croata Srecko Horvat, protagonista de la noche junto con Cuarón,  dijo que la película que mejor reflejaba lo que estaba pasando en Europa, era nada menos que “Children of Men” (Hijos de los hombres), y junto con la proyección del filme hubo un breve intercambio de ideas.

La obra del mexicano data de 2006, y en efecto, ahí vemos slogans muy al estilo Brexit, el éxodo de refugiados hacia ese país y un tema que curiosamente encontré en el periódico, aunque referente a Hungría y no a Reino Unido: encarcelamiento a quien ayude a un migrante sin papeles. Y hoy mismo al barco con 629 migrantes a punto de morir de sed que nadie quiso aceptar, lo aceptó España.

El filósofo croata de 35 años hizo su aparición portando una camiseta que decía “We are all prostitutes” (Todos somos prostitutas). Sus artículos han aparecido en The Guardian, Al Jazeera, El País y The New York Times. El también escritor y activista político resumió el mensaje de la película de Cuarón como la esperanza; no una esperanza sin fundamento, sino una esperanza que es capaz de hacer cambiar al protagonista, sacándolo de su apatía e indiferencia.

Los organizadores cometieron el error de empezar con la plática, antes de la proyección de la película, que gran parte de los asistentes no había visto. Tras veinte minutos de charla y algunas preguntas, el cineasta y el filósofo abandonaron la sala y el filme empezó.

La obra de Cuarón trata de un mundo afectado por la infertilidad, el caos y la migración. Nos quedamos con mal sabor de boca por el poco tiempo que el filósofo y los organizadores del programa dejaron hablar al mexicano, pero vaya sorpresa; al salir de la proyección de la película, ahí estaba él, hablando con la gente.

Varias personas de distintas nacionalidades se acercaron a expresarle su admiración, incluso un grupo le ofreció un tequila y le pidió brindar con ellos, y por supuesto aceptó. Se tomó fotos con quien se lo pidió, es un tipo sencillo con mucho sentido del humor.

Mi amiga y yo pudimos hablar con él por unos minutos. Se dijo escéptico de que la justicia mexicana hiciera algo en el caso de hacer comparecer a la esposa de Javier Duarte, quien se da la gran vida en Londres. En una de esas se les aparece aquí, nos dijo. Con la clase de embajadores que nos mandan, tenemos suficente, le contesté.

Nos tomamos fotos, nos preguntó nuestros nombres, nos agradeció haber ido al evento y se despidió. Esa misma mañana mi amiga compartió el evento en las redes sociales creyendo que ya había pasado.

Fue una de esas cosas planeadas de última hora, una agradable sorpresa con sabor a México. Ya he conocido acá a Carmen Aristegui, a Anabel Hernández, a Lorenzo Meyer, a Sergio Aguayo, a John Ackerman, a las fundadoras de los colectivos de búsqueda de desaparecidos de Tamaulipas y Veracruz, Graciela Pérez y Lucía Díaz.  En fin, uno de esos días que hace que valga la pena estar tan lejos.

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