¿Cuánto vale tu voto?

Por Jorge Alberto Gutiérrez Topete

Inician las precampañas y los votos empiezan a tener valor. En los partidos donde se practica la democracia hacia el interior, es donde valen más. Con limitados padrones de militantes el voto directo tiene la fuerza suficiente para que en un momento dado se determine el futuro de tal o cual precandidato hasta por la diferencia que hace un voto.

 

 

Los “operadores” trabajan arduamente ya, en convencer a sus compañeros a votar por su precandidato; un saludo, una sonrisa, una llamada, un detalle, un empleo o hasta una promesa son las divisas más útiles en esta cosecha de votos, aunque de manera imperfecta, se practica una versión pragmática de lo que es la democracia en nuestro País.

 

Algunos otros militantes, aunque cada vez menos, tendrán que ser convencidos con argumentos y propuestas para dar la confianza de su voto en la elección interna.

 

En otros partidos, donde la democracia es solo discurso y poca acción, el trabajo interno supone otro tipo de negociación donde se perfilan candidatos que responden a intereses de grupos y corrientes políticas determinadas, reflejando hacia fuera la fuerza que cada corriente interna tiene en el momento de la selección de candidatos.

 

De ahí saldrán los candidatos “de unidad” aunque no faltará aquel partido que “simule” competencia entre varios candidatos internos para aprovechar las posibilidades mediáticas que permite el marco jurídico electoral.

 

Ya entrados en la campaña electoral de lleno, el voto ciudadano toma mayor valor. La movilización de líderes y equipos de campaña buscarán retener a los votantes que proporcionan el voto “duro” de cada partido e ir a buscar los votos de la mayoría que hace la diferencia votando por el candidato que lo convenza con argumentos, simpatías, belleza, carisma, dádivas o cualquier otro de los muchos métodos inventados por nuestro creativo sistema electoral.

 

Se escuchan voces como la de Javier Sicilia Zardain, líder del Movimiento por la Paz con Justicia quien ha declarado que “Hay que ir al boicot electoral, hay que darle la espalda a las elecciones, hay que decirles no [a los políticos], hay que exhibirlos en su corrupción y en sus redes de complicidad, dejándolos lo más solos que puedan… aunque sea con un voto en blanco, es legitimarlos”.

 

No estoy de acuerdo con Sicilia, puesto que propone lo mismo que tirar a la basura el voto ciudadano. Sería tanto como traicionar a nuestro país y retroceder 30 años en democracia.

 

Es dejarlo a la merced y voluntad de los políticos y sus redes de militantes y simpatizantes que componen su “voto duro”, ya que con un solo voto que se sufrague la elección tiene valor. Quizá habrá partidos para los que este escenario sea el más propicio y conveniente a sus intereses.

 

Es por ello y sobre todo por el futuro de nuestro país, que ahora, más que nunca nuestro voto debe hacerse valer. Hay que razonarlo y utilizarlo como premio o castigo al sufragar. Pronto te lo vendrán a pedir.