Cuando los políticos usaban zapatos agujerados

Por Daniel Salinas Basave

A lo largo de los siglos el poder en México ha cambiado muchas veces de rostro y de color, pero si hay una constante que ha hermanado a tlatoanis mexicas, virreyes españoles o presidentes priistas,  es la opulencia. La naturaleza del gobernante mexicano rechaza como la peste  la austeridad y la sencillez.

 

Se puede ser corrupto, autoritario o ególatra pero nunca modesto.  Si le hacemos caso a la crónica de Bernal Díaz del Castillo o del mismo Hernán Cortés, Moctezuma II vivía rodeado de un lujo que hubiera envidiado cualquier monarca europeo de la época. Tres siglos después, cuando Agustín de Iturbide se colocó la corona del embrionario y efímero Imperio Mexicano, su prioridad fue conseguir dinero prestado para poder comprar un manto de armiño en afán de lucirlo el día de su coronación y aunque el tesoro público no tenía un centavo partido por la mitad, se las arregló para vestir a su guardia imperial con trajes de corte europea.

 Algo similar hizo Antonio López de Santa Anna, que gobernando un país en ruinas cuya geografía se desmembraba como un cuerpo leproso, apostó por el lujo y el derroche.

La generación de afrancesados científicos que integraban el gabinete de Porfirio Díaz, estaba obsesionada con mandar comprar sus trajes en París, mismos que lucían en sus paseos por la Alameda o la calle Plateros. Aunque emanados en teoría de una revolución, los presidentes priistas pronto se aficionaron a las delicias de vivir como príncipes, con mención honorífica para Miguel Alemán o José López Portillo.

En 2015 Enrique Peña Nieto y su esposa Angélica Rivera refrendan una vez más que su territorio natural son las pasarelas. Las fotos de la pareja presidencial en su visita de estado a Gran Bretaña exhiben con desparpajo cuál es el estilo personal de gobernar de Peña. Mientras el país se cae por un desbarrancadero de sangre, corrupción e impunidad, sus gobernantes exhiben con cinismo y desparpajo su complejo de aristócratas.

La imagen de Peña y su mujer en Buckingham Palace no es muy diferente de la de Iturbide envuelto en armiño en medio de un país en llamas. Ven la tempestad y ni por casualidad se hincan. En semejante escenario, es cuando se valora la vocación por la modestia proyectada por la generación de la Constitución de 1857.

Aunque la historia oficialista ha centrado toda la pleitesía y la adoración litúrgica en la figura de Benito Juárez, la realidad es que a quien debemos celebrar es a toda la pléyade liberal. Si algo hermanó a personajes como Melchor Ocampo, Guillermo Prieto, Ignacio Ramírez, Miguel Lerdo o al padrino ideológico del movimiento, el doctor José María Luis Mora, fue el predicar con un ejemplo de humildad, sencillez y austeridad que nunca hemos vuelto a ver en México.

Altos funcionarios que vestían literalmente con sacos y zapatos agujerados y que dentro de su modestia y su rechazo al lujo, destacaron como la generación de políticos más cultos que ha habido en el país, pues la mayoría fueron escritores, periodistas, poetas o científicos. Igualitos que EPN.

*El autor es periodista y ganador del premio Estatal de Literatura, categoría Ensayo.