Cuando la corteza se convirtió en papel 

Por Daniel Salinas Basave 

Siempre que miro atardeceres frente al Océano Pacífico me da por imaginar que mucho más allá de donde vemos ponerse el Sol tras las Islas Coronado, se encuentra el Lejano Oriente. China, fuente de sueños, fantasías y temores, es uno de los motores de la economía planetaria actual.China concentra en su territorio casi la cuarta parte de la población mundial y dentro de su frontera, toda estadística llega al superlativo. Basta con que uno de cada cien chinos te compre una bicicleta para vender once millones de bicicletas. 

A China le debemos no pocos inventos: la seda, la pólvora, el té, pero sobre todo uno muy importante que forma parta de nuestra vida cotidiana y tiene mucho que ver con mi camino de vida: el papel. 

Si por casualidad estás leyendo este texto, solo tienes dos opciones: fibra óptica o papel. No es muy probable que lo estés leyendo en piedra o en tablilla de barro. Tampoco nos ha dado por entregarte nuestro trabajo en formato de papiro egipcio o grabado en un pergamino. En una de esas nos da la locura y hacemos una edición en tablilla sumeria o te entregamos una especie de piedra de Roseta, pero en lo que son peras o son manzanas aquí nada más hay dos opciones: papel o fibra óptica. En nuestro mundo son las dos superficies de escritura que coexisten.

He oído a muchísima gente decir que el papel se va a morir y que en el futuro todo absolutamente será digital. Puede ser, en este mundo tan acelerado nada es descartable, pero al menos hasta este momento el papel sigue formando parte de tu vida cotidiana y resulta que el papel se inventó en China.  

Hace muchos milenios los chinos escribían en seda, pero aquella superficie les resultaba muy costosa y muy pocos podían pagarlo, por lo que el medio más usado eran tiras de bambú de entre 20 y 70 centímetros que conocemos como jiance o jiaundu.

Así fue durante muchos siglos hasta allá por el año 105, a un eunuco de la corte imperial llamado Cai Lun se le ocurrió experimentar con nuevos ingredientes: trapos viejos, cáñamo, corteza de árbol con los cuales formaba una fibra que empapaba en agua y después separaba en filamentos que secaba sobre una fina red de malla.

China, donde la buena caligrafía era valorada como un arte, fue la cuna del papel y la tinta, herencia que a la fecha seguimos agradeciendo. El papel fue fundamental en la difusión de la filosofía del Confucio, posiblemente el primer pensador de la historia cuyas ideas fueron plasmadas en este material.  

Claro, pasarían muchos siglos antes de que el papel saliera de China y fuera conocido en el mundo occidental, cosa que no ocurrió hasta el Siglo XII, es decir, más de mil años después de su descubrimiento. 

Los chinos también se anticiparon a Gutenberg cuando inventaron la impresión xilográfica o el grabado de madera. El primer libro chino impreso con esta técnica fue el Sutra del Diamante en el Siglo VIII. Claro, aunque tenían estas técnicas, los chinos siguieron (y a la fecha siguen) dando un gran valor al arte de la caligrafía. China fue el primer gran productor de libros del mundo.