Cuando escribes acostada

Por Ana Celia Pérez Jiménez

Entre dos sabanas guardo mi sueño, como en una envoltura de suspiros, en la privacidad de mi acto, con el aroma de mi piel, sé que estoy en casa. Allí en esa cueva que logro al estirar mis brazos, al alzar mis rodillas, para tener espacio suficiente para eso de echar afuera las penas, sin eco, sin auditorio, sin resonancia; ellas siendo libres, como a veces todos deberíamos de serlo, detenidas por las telas, arrullándome por las noches, entre momentos de niñez y mujer adulta. Arropada por la oscuridad, abrazada por todo eso que me adormece, los pensamientos reclaman la atención que no les puse durante el día, ¿sabrán que su madre está cansada? Mi pecho se hunde, no en drama, pero sí en desahogo, ese que alivia, que aligera, que deja espacio para respirar y quizá para un poco más.

Mi cama, ¡un mueble en el que reposo, pero tenemos química eso debo de destacar!, en ella me recobro, me vuelvo y me deshago; horizontal, un poco más que un muerto y dos escalones más abajo que aquellos que se dicen vivos, en un estado vulnerable, en un momento donde sé que todo podría pasar. Se me pasa la noche y a momentos también el día, no me falta nada cuando entre cobijas me ruborizo, descanso el andar, siento mi peso y me recibe la gravedad. El sueño me habla, me dejo aconsejar, mi amigo que no comprendo, pero tampoco lo pienso callar, ¡porque como lo quiero!, me hace sentir artista, nostálgica y que se volar. Junto a él todo puede pasar, pero no siempre recuerdo, no siempre despierto con la memoria de lo que fui unos segundos antes, creo que ese gran regalo no siempre me lo puedo llevar.

En ese espacio que me voy, en ese espacio que me dejo apagar, como electrodoméstico, como algo que se tiene que recargar. Un lugar solo mío en el que cierro los ojos, doy la espalda, me torno vulnerable y donde caen los créditos del día, en los momentos que únicamente quiero comodidad; me desarmo, el mundo ya no está en mi contra y si lo está, no tengo ganas de luchar. Un colchón mi barco, cierro mis telones, respiro, lentamente por otro mundo me voy a navegar; cambia la fecha, cambia la tierra y cambio yo.