Cuando el infierno escupe en la cara 

Por Daniel Salinas Basave

A veces a la realidad le da por escupirme a la cara y el infierno manda señales de su omnipresencia. Basta asomarme un poquito al mundo para reparar en que mi castillito de armonía familiar y creación literaria es sólo un improbable oasis, una velita en medio de la despiadada tormenta.

La semana pasada Carolina y yo festejamos mi cumpleaños con una intempestiva fuga al valle vinícola. Con semejante paisaje, uno se entrega a contemplaciones bucólicas y al embrujo del momento.

Cuando miras caer la tarde entre verdes viñedos, respiras el viento fresco después de la lluvia y cenas debajo de un árbol centenario, sientes que en verdad eres afortunado por vivir en una noble tierra bendecida por la naturaleza. Un domingo por la tarde contemplas a decenas de surfistas desafiar la furia del Pacífico entre aletas de delfines frente a las playas de Club Marena y por un instante piensas que la vida es bella y que Baja California es uno de los mejores lugares para habitar en este país.

Pero ese frágil y casi etéreo paraíso particular está rodeado por el fuego de mil y un avernos. Tan sólo mira un poco a tu alrededor y la calle te arrojará su galería del horror. La noticia del brutal asesinato de un niño de trece años llamado Brian Efrén, en Rosarito, me ha herido en lo más profundo. Rosarito es el lugar donde estudia nuestro hijo y donde transcurre nuestra vida cotidiana. No conocí personalmente desafortunado Efrén ni a su familia, pero no puedo dejar de pensar que esa tragedia le pudo ocurrir a nuestro hijo.

El lunes por la mañana encontraron su cuerpo en un arroyo con el rostro desfigurado por los golpes. La única certidumbre es que el chico fue asesinado con saña. Las contusiones reflejan brutalidad extrema. Si viviéramos en un lugar normal, este crimen por lo menos indignaría y generaría alguna reacción, pero aquí en Baja California parece entrar dentro de lo que se considera cotidiano.

Tan solo en lo que va de abril se han cometido más de 150 homicidios en Tijuana y proporcionalmente Rosarito no se queda tan atrás. Este crimen llama un poco más la atención por la edad de la víctima, pero al final del camino lo único seguro es que no habrá seguimiento y que pasado mañana será olvidado.

Escribí un espontáneo post en mi página de Facebook y en un solo día sumaba más de 26 mil reacciones y había sido 19 mil veces compartido (al momento de escribir esto lo siguen compartiendo). Llevo muchos años interactuando a diario en redes sociales y esta es a la fecha la publicación mía que ha generado una reacción más viral, lo cual es un termómetro del ánimo social imperante.

¿Qué interés particular tengo al publicar esto? Ninguno. Fue una espontánea reacción de rabia e impotencia por parte de un bajacaliforniano al que le frustra ver que el mismo día en que encuentran el cuerpo desfigurado de un niño, Marina del Pilar y Araceli Brown bailan tambora en sus felices baños de pueblo, pidiendo el voto sin ofrecer más que un reciclaje de promesas. Escribí porque acaba por hartarme vivir en una entidad donde el ejecutivo estatal gobierna con el hígado y donde ni un solo candidato de ningún partido ofrece una insignificante llamita de esperanza para dejar atrás este infierno. Brian Efrén está muerto y no revivirá. Su madre está muerta en vida por la tristeza y también muerta está mi esperanza en que esta tierra pueda dejar algún día la mala entraña.