Por Jorge Barreto
A quien se le habrá ocurrido la brillante idea de detener al exgobernador Ernesto Ruffo en un momento poco oportuno, siendo la estrella de la comedia “El canto de la sirena”, grabada en BC, por la gobernadora Marina del Pilar.
Esta acción desafortunada puso en ridículo a la presidencia, a la FGR y a los asesores políticos del gobierno, ya que semejante estupidez puso en evidencia un manejo acomodaticio de la ley, de acuerdo a conveniencia de los instalados en el poder temporal.
La forma tan burda de llevar a cabo esta detención, extemporánea, con una violencia innecesaria, y con una explicación absurda de ese acto judicial, indigna por ser únicamente una venganza política o un distractor para no dañar a la estrella de la comedia.
Hace cerca de un año se acusó a Marina del Pilar, su marido y su cuñado de estar involucrados en el huachicol, hablando de un robo de 9 millones de litros de combustible.
Esa acusación quedó pendiente hasta la fecha, y lo que activó este caso, fue el intento de la gobernadora de salvarse de una posible detención, ofreciendo información confidencial al país vecino, aceptando el hecho, y luego llevando a cabo un intento ridículo de querer involucrar al ex gobernador Bonilla, de haberle tendido un trampa (sic).
Pregunta: ¿quién en su sano juicio, ofrece traicionar a su país dando información clasificada a unos desconocidos, ostentándose como miembros del FBI, sin pedirles ningún documento? ¿Quién los contactó? ¿Quiénes son?
Siempre hemos apoyado la idea de que Claudia tendría que reaccionar y usar toda su capacidad para gobernar, pero ante estos hechos lamentables, creemos que ya no cambiará, no reaccionará a superar su dependencia y sentarse en la silla del águila.
Como dicen los yucatecos, “creemos que ya se gastó”.








































