Crédito a la defensiva

Por Dante Lazcano

Hace algunos años Marty Schottenheimer, por mucho el mejor entrenador en jefe que han tenido los San Diego Chargers después de Bobby Ross, me explicaba que al final lo más importante de una defensiva era que fueran capaces de evitar la mayor cantidad de touchdowns lejos de pensar en el yardaje que acumulara el rival.

En esa plática de hace por lo menos una década durante una comida que el equipo ofreció para medios en una playa privada a la altura de La Jolla, también me enfatizó que si pensaba de esa manera era porque al final las defensivas eran las encargadas de ganar campeonatos pues le mantendrían la ventaja y de paso la posibilidad de volver a tener la pelota para ir por más puntos.

Por otra parte Don Coryell, el legendario Air Coryell de quien sólo he leído de él y su filosofía, además de ver sus juegos en televisión, sostenía que no importaba la cantidad de anotaciones que le marcara el rival siempre y cuando lo hiciera rápido, esto con el objeto de tener la oportunidad de tener el balón el mayor tiempo posible y de esa manera poder armar un regreso.

Cierto que Julio Jones se sentó en 174 yardas en nueve recepciones sin anotación, que por vez primera un ataque terrestre fue capaz de superarles la barrera de las 100 yardas, que les hicieron tres anotaciones de un jalón en el segundo cuarto al grado de ponerse abajo 27-10, aunque una de estas fue de la defensiva.

Precisamente por eso fue que a Jorge Villanueva le aseguré el miércoles de la semana pasada durante la grabación del programa de televisión En Contacto con los Chargers, que si los electrizantes se iban abajo en el marcador por catorce o menos puntos al medio tiempo ganarían el cotejo ante los Halcones de Atlanta, cosa que al final sucedió.

Al medio tiempo los emplumados ganaban 27-17, pero con una anotación que hizo la defensiva por un balón suelto de Philip Rivers y un gol de campo derivado de una intercepción de Rivers, esto significaba que de ofensiva a ofensiva el partido estaba empatado a 17 unidades.

Si bien jugaron ante la ofensiva más anotadora de la liga, era cuestión que la defensiva emergiera y lo hizo al grado que en el segundo medio sólo permitieron un gol de campo y lo más importante, durante el tiempo extra evitaron que les convirtieran una cuarta oportunidad en la yarda 40 del rival.

San Diego llegó con la defensiva 18 de la liga lo que significa que permitían 363.2 yardas, con la quinta mejor unidad para detener la carrera y la 24 contra el pase, mientras que la ofensiva de los emplumados llegó como la número uno, la nueve corriendo y la segunda mejor al aire, eso sin mencionar que siguen siendo la más explosiva.

Pero al final el plan de juego con el que llegaron los del rayo fue precisamente ese: evitar a como diera lugar las anotaciones, por lo mismo es que Josh Lambo, el pateador del equipo, sintetizó el partido al darle todo el crédito a la defensiva pues siempre dejaron la bola en posición como para regresar de la costa del Este con un triunfo improbable pero merecido.

Compartir
Artículo anteriorLa última pieza de la ecuación
Artículo siguienteAlgo faltó