Cortocircuitos

Por Maru Lozano Carbonell

Interruptores, máscaras, seis motivos para no crecer y estancarnos, seis bloqueos para dejarnos peor de lo que nos encontramos día a día.

El primero sería “no sentir”, desensibilización total. Ese no escuchar a mi organismo. Algo tan simple como contactar si tengo frío o calor, si me estoy lavando las manos rápidamente sin poner atención a la espuma del jabón, al agua… Apuéstale a tu contacto sensorial, ¡goza tus cinco sentidos!

El segundo es “proyectarme en todo momento”. Transfiero lo que pienso o siento, no lo veo en mí, mejor y más cómodo, lo pongo en ti. Así aplicaría perfecto la frase “por tu culpa…”. Habría que revisar si al hablar con el otro, estoy hablando con mis miedos, mis defectos físicos, con mis deseos.

Este que sigue es el tercero y me resuena tanto porque es todo aquello que grabo sin procesar. Introyectos que aprendí y tragué y ahora los tomo tal cual en lugar de re-valorar, de re-plantear y de analizar si esos “deberías…” aplican hoy día en mí.

En este cuarto bloqueo siento que soy muy desagradable. Al revés del efecto espejo, esa retroflexión de que soy lo peor, me auto-degrado, somatizo, me desvalorizo, y mejor me aplico el “me odio para no odiarte” cuando en realidad es el otro quien está siendo desagradable y me da miedo afrontar esa realidad y responsabilizarme por darle la vuelta.

En el quinto interruptor todo es apenitas. Esa deflexión de contactar con el otro fríamente, con pinzas y de una manera nada amenazante, como con guantes para no quemarme. No es que sea educado, sino que tengo miedo de contactar y al hacerlo como que “tiro la piedra y escondo la mano”; incluso las sensaciones placenteras pienso no son buenas ni merezco sentirlas.

En el último bloqueo me mimetizo. Esa confluencia que se practica cuando debilito mi “yo” y me fusiono con los proyectos del otro, con sus necesidades, con su tiempo, algo así como “acéptame, no discuto”. Si vas al bar, yo también, si vas al casino, yo también, todo con tal de sentir que así me aceptas porque acepto tu agenda. Este tipo de personas se identifican plenamente con su agresor manipulador.

¡Vaya manera de cortar nuestro circuito! Sería excelente ir desechando ya tal manera de vivir la desesperanza aprendida e iniciar el camino de la auto-realización. Acéptate tal cual eres, decide y acepta los resultados, respeta tu tiempo, tu espacio, tus cosas, tus sentimientos, tus necesidades y ve por ellas. Acuérdate que somos seres en medio de miles de experiencias cambiantes y de las cuales, ¡tú eres el centro!

El calibrador es tu cuerpo, pon atención a cómo éste percibe las experiencias porque entonces es tu realidad y ¡en consecuencia reaccionas! Desarrollarse no está exento de lucha, y esa lucha consiste en no perder el foco de la necesidad de ese momento y de tu capacidad de ayudar en las necesidades de los demás dejando todo mejor de cómo lo encontraste.

Acepta que la indefensión aprendida sólo lleva a sentirnos incapaces, sin embargo, somos nosotros los únicos facultados y posibles para empezar a imaginar lo que queremos ser. Diséñalo primero en tu mente, siéntelo y esa magia te lleva sin duda a escenarios y personas que harían realidad todo lo que eres capaz de palpar.

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