Controla la dinámica

Por Juan Manuel Hernández Niebla

“No es lo mismo cuando un boxeador se mueve porque quiere moverse, que cuando se mueve porque tiene que hacerlo”

“Smokin’” Joe Fraizer

La peor dinámica en la vida es el punto muerto. Cuando esto sucede, parecería que todo lo que haces afianza este estancamiento, entrando en una especie de parálisis mental, perdiendo la capacidad para pensar o reaccionar.

Para controlar la acción de la dinámica, debes primero ser capaz de controlarte a ti mismo y a tus emociones. Enojarte y atacar solo limitará tus opciones. Y en el conflicto, el temor suele ser la emoción más desgastante. Tu temor te rebaja, le da la iniciativa a tu adversario. La otra parte tiene interminables posibilidades de usar tu temor, para controlarte, para obligarte a permanecer a la defensiva, llenando tu subconsciente de limitaciones y obstáculos, generándote sentimientos de culpa.

Para contrarrestar esto, debes aprender a establecer tu propia dinámica… moverte rápido aquí y lento allá; forzando a tu adversario a establecer una acción diferente. Descubrirás que tu iniciativa te dará margen para un cambio mayor, trastornando la mente de tus adversarios.

Tu objetivo debe ser desplazar el conflicto, de una manera sutil, al terreno de tu elección. Si se trata de dinero, desplaza la batalla al terreno moral. Si desean un paso lento, busca la manera de acelerarlo. No permitas a tu adversario sentirse cómodo. Un adversario atraído a terreno desconocido ha perdido el control de la dinámica. Una vez que el control ha salido de sus manos: negociará, se retirará o cometerá errores.

A continuación cuatro principios básicos para un adecuado control de la dinámica:

Mantenlos a raya. Mantén siempre la iniciativa. No esperes a que se presenten las oportunidades, créalas tú mismo. Mantenerlos siempre a la defensiva te otorgará una ventaja competitiva constante.

Cambia el campo de batalla. Tu adversario por naturaleza deseará combatir en terreno conocido en cuanto a participantes, tiempo y lugar. Desplazándolo sutilmente, controlarás la dinámica, haciéndolo combatir bajo tus condiciones.

Indúcelos al error. Tus enemigos normalmente dependerán de la ejecución de una estrategia previamente establecida, que haya funcionado en el pasado. Tu tarea es doble: librar una batalla de forma que no puedan poner en juego sus fortalezas, y crearles un nivel de frustración que los obligue a cometer errores.

Finalmente, la forma máxima de control es hacer que lo otra parte piense que está dominando. Si cree esto es menos probable que se resista. Crea esta impresión moviéndote con la energía de la otra parte, cediendo terreno pero desviándola lenta y sutilmente en la dirección que deseas.

Recuerda, en vez de pretender dominar cada movimiento de la otra parte, intenta definir la naturaleza de la relación. Desplaza el conflicto al terreno de tu elección, alterando el paso y los intereses a tu conveniencia. Si tú controlas la dirección y estructura de la contienda, todo lo que hagan será a tu conveniencia.