Contra todos los pronósticos

Por Guillermo A. Sánchez-Aldana

Vaya sorpresa que le dio la selección de Portugal a su afición y a toda Europa al ganar por primera vez en su historia la Eurocopa. Quizá sin desplegar el futbol más vistoso o sin ser respaldado por números impresionantes, pero siempre ordenado y con una idea muy clara de lo que se estaban jugando en cada partido.

Y es que en un torneo en donde predominó lo inesperado, con equipos como Gales e Islandia eliminando a potencias como Inglaterra y Bélgica, la idea que un equipo como el de Portugal se coronara no era tan descabellada. Aún así, se enfrentaba a una Francia agigantada tras dejar en el camino a la selección de Alemania y con un record implacable de finales ganadas siendo anfitriones. Afortunadamente, la final respetaría la temática ya preestablecida de lo inverosímil y brindaría a los amantes del buen futbol un espectáculo más.

Mientras que el conjunto galo llegaba a la final tras cerrar como líder de su grupo y con triunfos convincentes frente a equipos como Alemania e Islandia, el cuadro lusitano se presentaba a la misma instancia con más dudas que respuestas, con muchos empates y solo un triunfo en tiempo regular. En la fase de grupos fueron incapaces de ganar un solo juego, con tres empates y con un accionar lleno de altibajos, y solamente pasaron por la bondad de un torneo con un formato renovado, ya que gracias a que hubo más participantes, los portugueses fueron capaces de colarse a la siguiente ronda como tercer lugar de su grupo. Fueron dos caminos muy distintos con el mismo destino en mente.

Desde el inicio del partido todas las cámaras apuntaban hacia Cristiano Ronaldo y Antoine Griezmann, dos de las figuras más importantes del futbol mundial y de sus respectivas selecciones. Griezmann llegaba como un héroe, alabado por propios y extraños por su gran rendimiento en la justa continental, mientras que Ronaldo, a pesar de una buena participación en la semifinal ante Gales, criticado por no despuntar lo suficiente en su selección. Curiosamente ninguno de los dos destacó en la final, con un ariete francés con poco tino y con una lesión en las primeras instancias del encuentro que privó al astro portugués de permanecer por más tiempo en la cancha. Y al pasar de los minutos fue el mismo encuentro el que aclamaba por la llegada de algún héroe; algún jugador que le diera el toque de magia necesario para ganar un torneo con tantas sorpresas.

Pareciera que este torneo se negó a seguir la lógica, y fue algo que hizo hasta sus últimos instantes. El gol del campeonato no vino del mejor hombre ni del mejor equipo. El gol del campeonato vino de los botines de Éder, jugador que tras un tremendo disparo al arco contrario por siempre portará el titulo de héroe de esta Euro 2016.

Felicidades a Portugal, equipo que contra todo pronóstico se convirtió en el nuevo monarca del continente europeo.