¡Constructores!

Por José Cervantes Govea

Hace cien años  – el 5 Febrero de 1917-, después de cien años de batallas fratricidas  los mexicanos  terminamos de formalizar el documento constitutivo de México: Nuestra “biblia ciudadana” que consta de 136 artículos, y que la mayoría de l@s mexicanos no han leído o no respetan,  incluido el magisterio.  Nuestra “Carta Magna” contiene los preceptos dogmáticos, materiales y orgánicos básicos y elementales del Estado  mexicano para plasmar y organizar nuestras libertades y derechos humanos, civiles y políticos. Desafortunadamente los liberales organizaron una democracia a modo para ejercer la “dictadura perfecta”, calificativo que puso de moda Mario Vargas Llosa al referirse al sistema político mexicano.

 

Lo hicieron a través de la educación, mediante un sistema educativo sustentado en una red de Escuelas Normales Rurales creada por Lázaro Cárdenas en 1920.  Escuelas que pretendían preparar profesores rurales para formar un ejército de paz, y hacer de cada profesor un apóstol de la educación capaz de enseñar, transmitir y desarrollar el intelecto y moral de niñ@s y jóvenes mexicanos, pero en algún punto del proceso el sistema distorsionó esos fines.

Durante la segunda mitad del siglo pasado los libros de texto gratuitos y los profesores mexicanos transmitieron una concepción de sociedad e ideología acorde a los intereses de los gobiernos y políticos en turno. A partir de 1959 el libro de texto gratuito se volvió el paradigma de conocimiento que l@s niñ@s deberían asimilar.

El Estado mexicano quiso estandarizar la educación con modelos  y contextos totalmente urbanos que soslayaron los problemas,  la diversidad cultural, social, lingüística y económica de l@s mexican@s. Los textos inculcaban que México, estaba en vías de desarrollo. Hoy, después de 56 años de enseñar con ese sistema, estamos atrasados cultural, económica, intelectual, política y socialmente. 

El desprecio por la vida y la cultura de la muerte. El desorden y falta de respeto a los derechos colectivos, a las autoridades y a  las leyes es fomentado por quienes deben formar a niñ@s y jóvenes.   Ahora vemos y vivimos una crisis derivada del caos de la anarquía generada y solapada por algun@s de quienes gobiernan –los políticos- y algun@s de quienes educan -los profesores-, que no respetan los principios constitucionales ni, mucho menos, las leyes secundarias. 

Hoy los indicadores nos muestran no solo la baja calidad de la enseñanza sino la ausencia casi total de valores.  El sistema no educa para la vida, para el trabajo ni, mucho menos para formar ciudadanía, crear condiciones necesarias para el desarrollo social, económico, político y democrático.   

Se trata de un sistema en el que ni los mismos docentes creen ni tienen confianza, pues los que pueden pagar inscriben a sus vástagos en escuelas públicas privadas. El proceso enseñanza-aprendizaje implica exámenes de conocimientos para comprobar el aprovechamiento y la preparación de los escolapios. Los profesores deben también actualizarse, deben dejarse ser evaluados, autoevaluarse y prepararse para elevar la calidad de la educación. Son los constructores de la Nación que deben edificar los cimientos democráticos del edificio que dará cobijo y bienestar a l@s mexican@s.

 

*José Cervantes Govea  radica en Tijuana, es Contador Público egresado de la U.A.B.C. y Abogado egresado de UNIVER Tijuana. Acepta comentarios a jocegovea@yahoo.com