¿Conoces personalmente a algún enfermo de Covid-19?

Por Daniel Salinas Basave

En los primeros días de la primavera 2020, cuando la cuarentena apenas iniciaba y México registraba sus primeros casos de infectados, escuché a no poca gente decir que el virus era una gran falacia. El argumento que solían utilizar era muy simple: ¿Conoces personalmente a algún enfermo de Covid-19? Como la respuesta en ese entonces era no, entonces la enfermedad era una patraña orquestada por los chinos, los estadounidenses o la mafia prianista según quien fuera el emisor de la teoría conspirafóbica.

Pues bien, unas cuantas semanas después ese argumento negacionista suena ridículo. Hoy ocurre todo lo contrario. Me atrevo a decir que todos conocemos o conocimos personalmente a alguien afectado por el coronavirus. El círculo se fue cerrando poco a poco aunque no lentamente. La realidad daba un vuelco de una semana a otra. Primero nos enterábamos de un conocido indirecto, algún contacto de redes sociales que enfermaba, pero días después alguien con quien tuvimos contacto cercano en algún momento era declarado positivo. Una frontera emocional se rompió cuando murió el dramaturgo Hebert Axel, a quienes muchos en el sector cultural conocimos y tratamos. Entonces tuve plena y absoluta conciencia de que el bicho puede atacar y matar. También conocí y traté en su momento a Rogelio Palomera, pues en algún momento trabajamos en la misma institución. Puedo mencionar al menos unos siete conocidos o colegas que han enfermado y han ido a dar al hospital.

Hoy nos queda claro que el virus no es metafórico. Existe, infecta y puede matarnos. Todavía en las primeras semanas de abril, cuando ya se habían dado suficientes casos de defunciones en Tijuana como para saber que el virus no iba a tocarse el corazón, el bar que está a unos metros de nuestra casa lucía lleno de alegres comensales (casi todos estadounidenses)  y así se mantuvo hasta que fue clausurado.

Escuché a más de una persona decir que en Tijuana solo entenderíamos a golpe de realidad, cuando los fallecimientos empezaran a multiplicarse, pero creo que hoy ya podemos decir que en Tijuana nunca entendimos. Pese a habernos colocado rápidamente como el segundo lugar nacional en número de defunciones, aquí nunca entramos en real cuarentena. Veo imágenes de calles desoladas en otras ciudades como Monterrey o Mérida pero en nuestra Tijuana jamás dejó de haber tráfico. Tal vez por la naturaleza de la ciudad y por nuestras características económicas y culturales, la gente simplemente nunca paró del todo y fuimos minoría los que pudimos recluirnos en nuestras casas.

Las tardías lluvias invernales que aún se sentían a mediados de abril, han sido sustituidas por un verano adelantado. Parece ser que en Baja California estamos demasiado acostumbrados a vivir en el desbarrancadero y ni siquiera la evidencia de la fatalidad nos inhibe.  Hoy lo que todo mundo nos preguntamos es cómo será el retorno a la normalidad (si es que existe alguna normalidad a la cual retornar). Hay más de un optimista que se permite pronosticar un moderno Renacimiento, esa época de oro de las artes y las letras que irrumpió en Siglo XV cuando quedó atrás la mortífera peste negra que mató a casi la mitad de la población de Eurasia. Sería hermoso que tuvieran razón, pero la verdad no estoy tan seguro.