Confesarse, ¿para qué?

Por El Recomendador

Si la justicia que puede obtenerse en este mundo ni repara el daño a las víctimas de los delitos ni libera al reo de culpabilidad, ¿para qué confesar? No le hace ningún bien a nadie.

Para los que no creen en la vida perdurable ni en un Dios que libera y da la paz definitiva carece de sentido toda confesión. Confesión genuina la que seguida de arrepentimiento se dirige al Juez Definitivo más que a cualquier juez terrenal.

Si hay una ley tan cuadrada que ordena condenar a muerte o a cadena perpetua a los culpables de asesinar, en ese supuesto, ¿para qué confesar?

Cuando se tiene una visión raquítica, deformada o absurda del ser humano como en este trío filmes presentados hoy, uno debe burlarse de los motivos para obtener confesiones y “perfilar” asesinos. En el primer ejemplo también la amistad resulta desnaturalizada. Veremos porqué.

1.- Ted Bundy, la confesión final. Película que explora la complicada relación que se formó entre el analista del FBI Bill Hagmaier y el asesino en serie Ted Bundy durante los últimos años del criminal en el corredor de la muerte.

La trama muestra al infame asesino dándole una mano al agente confesándole la torcida motivación de sus numerosos asesinatos de mujeres.

El lazo que se forma está basado en la mutua confianza entre dos que se hacen amigos, el primer, el analista del FBI con la intención de que se ejecute la pena de muerte, si su “amigo” resulta ser culpable.

Esta es de las películas en que desde el narrador hasta el último extra tienen la convicción absoluta de la procedencia y justicia de la pena de muerte. Hablando desde esa perspectiva muy norteamericana, la justicia real (la de la verdad histórica), aparece como algo absolutamente absurdo y sin mañana.

2.- La noche más larga, serie española que juega a las intrigas. A los autores de estas genialidades se les pasa la mano y caen en contradicciones. Si el lector tiene la afición de que le tomen el pelo, ¡véala!, lo darán un final de un poco más o menos inconcluso para programarlo para una segunda parte que todavía no aparece.

Es lamentable que el talento español para contar historias acabe en tanto retorcimiento. Aunque no falta crítico que le diga a la audiencia: “La noche más larga es un divertimento adictivo que te deja con ganas de más”. Y es que dice el cursi lugar común que en gustos se rompen géneros. Usted dirá lector.

Hay críticos realistas que le dicen: “Tiene tantas promesas que en realidad no pasa nada (…). Las series pueden ser disparatadas, muchas de las mejores lo son, pero acá se combina disparate con gravedad. Renuncia a la verosimilitud en pos de brindar grandes dosis de acción y de adrenalina (…) cae en el vicio de la acumulación de situaciones y subtramas».

3.- Turno de día. Película gringa. Cuando la cosa es de cazavampiros, chupamirtos todos, hablar de confesiones ya resulta inútil: absolutamente todos confiesan que se relamen con sangre y que todos se merecen el descuartizamiento continuo, las balas de plata, las estacas puntiagudas, aunque aquí en esta película no salen los chorros del agua bendita como ácido sulfúrico que hace a los monstruos, convenientemente “inmortales”, pegar sus aullidos terroríficos antes de palmar.