Con el pie izquierdo

Por Manuel Rodríguez

A unos días de que concluya la actual administración pública municipal, no se necesita estar en el equipo de transición para darse cuenta que es el lodo de la corrupción, lo que mantiene empantanadas las posibles soluciones que aquejan a Tijuana.

Ya van varias administraciones municipales fraudulentas que lo mismo se enriquecen repartiendo en la última sesión de cabildo predios y placas para  compadres y prestanombres, otras se divierten comprando camaritas de inseguridad que graban todo menos a los rateros, hay aquellas que se atreven a inflar hasta 40% el costo real del “White topping” con tal de comprarse una casa en San Diego, y las más recientes, que instalan luminarias chinas inservibles de marca “patito” que se apagan automáticamente a los 30 días, o incluso, como olvidar las que nos colocan semáforos inútiles cada 20 metros para entorpecer más el tráfico, invariablemente el común denominador es el mismo, hacer negocio a costa del erario público.

Nos conformamos creyendo que el padecimiento no es exclusivo, sino que es un mal nacional. La corrupción es algo muy mexicano decimos, y solapamos a través de las cofradías de la impunidad en las que se han convertido los partidos políticos, los malos manejos de la clase gobernante. En general, existen novedosos y atractivos planes para regenerar la ciudad algunos de ellos los resguarda celosamente el empresariado y otros los menos costosos los rescata del archivo muerto lo que queda de IMPLAN en Tijuana.

Sanear las arcas municipales y enfrentar la corrupción debe ser la prioridad de quién habrá de tomar las riendas de la administración pública municipal. No se pueden desatender los asuntos de gobierno alegando que algún funcionario no es político, lo que se necesita son servidores que asuman su responsabilidad de gobernar en beneficio de la ciudad y no sólo de grupos fácticos de poder. Las prebendas en favor de los monopolios de siempre agravan aún más la corrupción imperante, y generan un régimen de corrupción que agudiza gobiernos ineficaces e inoperantes. El marco legal al servicio de estafadores arropados en puestos públicos.

Para poder generar un cambio social, primero es necesario reconocer que tenemos un problema muy serio. Los ayuntamientos que han existido han solapado la corrupción, se han conformado con el desorden y han acentuado de forma directa o indirecta el caos reinante en Tijuana. La ciudad ya no resiste una administración más con los ojos vendados y las manos atadas por compromisos creados.

La fuerza de un municipio y de cualquier gobierno debe ser el imperio de la ley, su capacidad para cumplir y hacer cumplir las normas establecidas, de lo contrario nos espera un XXII Ayuntamiento de profunda agitación política y beligerancia social. Tampoco los ciudadanos nos merecemos un gobierno tirano, controlado por el Gobernador para imponer sociedades de vasallajes. Tenemos que exigir un cambio de actitud política que permita el surgimiento de una sociedad participativa, para pasar de ser considerados súbditos a una de ciudadanos democráticos.

Si algo tenemos claro, el equipo edilicio que emanamos de Encuentro Social es que nuestra gestión no será placentera para los corruptos, ni para quienes se consideran los favoritos del Alcalde en turno. Vamos a continuar elaborando un pujante movimiento ideológico de crítica pero elaborando propuestas.

Nuestros detractores de ahora, se olvidan que ellos también alguna vez fueron oposición, aunque les duela que las recuerden que hoy sus desviaciones han superado al sistema que criticaban. No se vale que sigan refugiándose en el cinismo, ignorando en lo público lo que aceptan en lo privado. La unidad de una sociedad es necesaria sólo cuando se actúa por un bien superior, porque cuando se actúa por un interés particular, como es el caso, el poder debe ser mitigado, vigilado y contrapesado.