Con el mismo cariño que me tengo

Por Ana Celia Pérez Jiménez

¿Les ha pasado que se ven reflejados en tantos momentos y en tantas personas? ¿Qué con sólo observar pueden identificar el momento, la emoción y tantas otras cosas más?

Esta mañana pude encontrarme en una pareja de amigos que compartieron un desayuno, escuché que hablaban de su trabajo, repetían las quejas en un desahogo necesario y purificante, para después reírse y burlarse de todo, reconociendo su situación como temporal y también al juzgar por la edad reconocí que estaban viviendo tantas primeras experiencias y dentro de mí sonreí porque me vi a mí misma cuando fui más joven, cuando ignoraba lo necesario.

Me identifiqué con la inseguridad que emanaba del caminar de una mujer sobre el boulevard al sentir las miradas, al sentirse vista, recordé esa curvatura en la espalda, esa rapidez en los pasos y me llegaron tantas memorias de un tiempo donde yo misma no me conocía lo suficiente y sentía que el mundo me devoraba y que a mí me faltaba tanto.

Me conecté con el dolor de una amiga que me enviaba mensajes y me explicaba una y otra vez en diferentes versiones el mismo problema, sólo para descifrarlo y a su vez evitarlo, evadirlo, porque también podemos hacer eso y sabemos cómo andar con rodeos y no ser directos porque no queremos la caída ni el dolor, pero ese una vez que suelta su aroma, que se percibe, nunca demora en llegar, por más que se cambie la fecha del boleto.

Me veo en la pérdida de tantos, en la alegría de uno que otro que por ahí grita, en la cotidianidad de todos si en verdad observó, si me otorgo el tiempo, ahí estoy siendo el otro. Me reflejo en todos, en diferentes momentos, en diferentes versiones de mi persona, en diferente género, edad, vicio y problema; pero reconozco que yo he estado allí, yo he sido esa persona, yo he vivido ese momento.

Y me llega la melancolía, la empatía, el valor, el coraje, quizá de mi lección ya aprendida, de la situación ya superada, pero lo que yo tengo o yo he vivido me lo han dado mis años, mi experiencia personal, mis elecciones, que vienen de mi educación, persona y familia, no soy mejor que alguien.

Es difícil a veces entender al otro, pero para hacerlo hay que reconocer que todos venimos de otro día, otro año, otro sentimiento. Nadie está exento al mal que juzga, es por eso mejor no hacerlo, aunque se caiga allí por costumbre, mientras estemos vivos podemos ser muchas cosas de forma consciente o inconsciente y también ser personas que no saben lo que hacen y menos en lo que se envuelven. Quizá yo soy ese “otro” jugando a los disfraces.

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