Con déficit de atención e hiperactividad

Por Maru Lozano Carbonell

Es vital descartar con un psiquiatra y con médicos especializados toda posibilidad de una patología. No se vale quedarnos con los diagnósticos de los maestros desesperadas que no saben lidiar con niños “genio” y abrigar el término “hiperactivo” sin haberlo oído de un verdadero especialista. Te invito a visitarlo y de ser necesario, tratarlo como te orienten los médicos.

Los niños “índigo o con déficit de atención o con hiperactividad” tienen una gran sensibilidad, tienen energía en exceso, se distraen fácilmente o tienen bajo poder de concentración, necesitan adultos emocionalmente estables y seguros a su alrededor, se resisten a la autoridad si ésta no se muestra democráticamente orientada, prefieren otras formas de aprendizaje; pueden frustrarse fácilmente porque tienen grandes ideas pero pocos recursos o personas dispuestas a ayudar  a realizarlas, aprenden a un nivel exploratorio, y se resisten a memorizar mecánicamente o a ser un mero oyente, no duran mucho tiempo sentados a menos que estén absortos en un tema de su interés, son muy compasivos y tienen muchos miedos tales como a la muerte, crecer y la pérdida de sus seres queridos,  si experimentan fracasos o decepción a edad muy temprana, pueden desistir y desarrollar un bloqueo permanente.

También, exigen mucha atención y sienten que la vida es demasiado valiosa para dejarla pasar. Quieren que las cosas sucedan y con frecuencia fuerzan una situación a fin de obtener lo deseado. Ellos no pueden entender por qué las personas operan en modalidades no basadas en el amor. Aún así, son extremadamente resistentes y hábiles para ayudar a niños necesitados, aunque su ayuda a menudo sea rechazada.

La misión principal de un niño o adulto así es cambiar la sociedad, empezando por su propia familia. Su objetivo es equilibrar la corriente mental analítica imperante en la actualidad. Como ellos tienen más desarrollado el hemisferio derecho traen una serie de atributos como la intuición y la creatividad para que despierten en el resto de la humanidad que los tiene dormidos. Muchas veces se los considera niños difíciles porque su objetivo no es adaptarse sino señalar donde es necesario el cambio, ya sea en la escuela, en su casa, o en los ámbitos que suelen frecuentar.

Si tu hijo es hiperactivo, difícil, índigo o como se quiera bautizar, algunos tips que sirven para lidiar con ellos son: Tenerlos en actividades que los tranquilicen como la pintura, arte o expresión; la natación es excelente y la música también. Poner límites claros, pero en lugar de ordenarles, darles a elegir mostrándoles las consecuencias positivas y negativas en ambos casos. Escucharlos, ¡son sabios! Nunca mentirles. Usar un calendario visible en donde se les acentúen sólo los aspectos positivos y premiarlos semanalmente; nunca enfatizar lo negativo. Aterrizarlos con palabras. Por ejemplo: “Pedrito, estás brincando en los sillones”, “estás levantando la voz”; ellos naturalmente cambiarían su actitud si se les refleja lo que hacen, pero nada más lo que hagan o digan, ¡no lo que nosotros queremos!  Aunque es importante hacerles saber lo que se espera de ellos.

Hay adultos así, ahora se les llama generación de mazapán, en realidad, también están para modificar la manera de convivir y producir.

Tener un hijo, alumno o empleado que nos pueda dar lecciones de cómo comunicarnos, ser flexibles y ajustar la manera de colaborar es ¡perfecto!