Comparten experiencias de jóven interno con niños y jóvenes

Tijuana.- Como parte del programa para atender a jóvenes con problemas de conducta, Marco, un joven que se encuentra en rehabilitación en el Centro de Tratamiento para Adolescentes (CTA), compartió su historia para que jóvenes y niños identificados reflexionen sobre su comportamiento y conozcan la experiencia de un interno.

La visita al CTA forma parte de las actividades que la Dirección de Prevención del Delito y Participación Ciudadana realiza con jóvenes identificados por medio del Operativo Mochila, en donde se les enseña distintas actividades enfocadas a modificar conductas de riesgo y reciben una terapia de “shock”, para hacerlos recapacitar ante el camino que llevan.

Doce jóvenes de las unidades La Mesa, Parque de la Amistad y Casas Grandes, participaron en la terapia, que trata de un “tour” que les muestra efectos y consecuencias de perder la libertad durante 72 horas, tres meses o hasta una década.

Marco, quien es un joven en tratamiento que ingresó a sus 16 años en 2009 por estar involucrado en un homicidio, les compartió su experiencia a los jóvenes.

En siete años privado de la libertad ha tenido distintas experiencias emocionales y ahora es un ejemplo de buena conducta en el CTA, por ello fue elegido para dar el mensaje a niños y jóvenes que acudieron a esa terapia.

Marco relató el proceso de valoración que adquirió en esta etapa de su vida; ahora dice apreciar a su madre, a quien en su momento “desobedeció, se le reveló y le falló”.

Los jóvenes que escucharon esa historia de vida, participaron con preguntas, y como común denominador se identificaron con similares conductas hacia sus padres, principalmente en hogares donde la madre es centro y sostén único de la familia.

La visita incluye una explicación que les describe cómo los “privilegios” en el CTA se pueden ganar o perder, cómo se toca fondo para valorar la libertad y todo lo que ésta incluye.

En el CTA el tiempo para pensar es constante; la lectura es el pasatiempo recreativo y rehabilitador, y jugar fútbol es un premio que se obtiene y se conserva con buena conducta.

Alrededor del 50 por ciento de los chicos son canalizados a esos programas por sus escuelas, después de detectarles problemas en un Operativo Mochila; otro 25 por ciento llega a la terapia de “shock” por disposición de un juez municipal.

El resto son llevados por sus propios padres, quienes se acercan a los oficiales instructores de la Policía Juvenil o a la Dirección de Prevención del Delito y Participación Ciudadana, y solicitan apoyo para rehabilitar a sus hijos.