Como un color primario

Por Ana Celia Pérez Jiménez

¿Quién sería yo si dejara toda la duda atrás? Pienso mucho en la posibilidad de yo sin tanto drama, sin tantos obstáculos, sin tanta enredadera que apenas estoy aprendiendo a como cortar y no podar.

Tengo como la imagen vaga de esa versión de mí, de esa persona más sencilla pero más precisa, exacta como la definición que se encuentra después de los dos puntos. Me gustaría ser como el color rojo, el azul o el amarillo que son ellos mismos sin necesidad de más; de nadie que los haga ser.

Quisiera conocerme sin tantos rodeos, sin tanta cáscara que me sobra. Hoy me encuentro con tantos miedos en cada paso y los hago más lentos; muchos dirán que al menos los sigo dando, pero no saben lo que yo daría por irme soltando, ser más rápida, sin titubeos, sin importar la caída porque la gravedad siempre está presente, no me consuela la excusa.

Sé que he pasado y sobrevivido mucho dolor, de todo tipo, de diferente procedencia, y todavía así le temo, le temo al dolor en memoria y quizá en mentira, porque dicen que los recuerdos nos mienten cada vez más conforme los sacamos de su bóveda. Soy esta persona que es ruidosa, insegura y tiene destellos, como chispazos cuando todo lo demás duerme de una mujer precisa.

No, no deseo ser alguien más y de todas formas no sabría cómo hacerlo y me extrañaría a mí misma. Admito ser buena compañía y buena para “terapiarme” y sacarme las cosas que intento acumular dentro y unas que otras llevar arrastrando.

Entonces volvemos a que el problema no es falta de amor hacia mi persona es sencillamente que me gustaría que ciertos procesos y traslados fueran más sencillos, pero conociéndome y con ese algo que sé del mundo, sé que así no contarían tanto y pienso que todo con lo que he batallado en realidad se me ha quedado y se ha vuelto parte de mí, no como un hábito adquirido sino como una descripción de mi persona.

No tenemos que apegarnos a eso que conocemos de nosotros mismos me digo, hay que saber abrirnos puertas e imaginar otras versiones; no por desprecio a lo que se es en la actualidad pero motiva conocer otras versiones de uno mismo, andando en nuevos caminos, experimentando distinto, procesando diferente, siendo el mismo pero cambiado. Y así nos vamos permitiendo más y comprendiendo, que al intentarlo con uno lo hacemos con el otro.