Columna Quinto poder: Representatividad ciudadana

Por Mario Escobedo Carignan

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Sin duda, las últimas propuestas legislativas a nivel federal y estatal en materia laboral y electoral, demuestran el distanciamiento de los partidos políticos respecto de los intereses ciudadanos.

En el ámbito local, si bien las iniciativas de incrementar el número de diputados y regidores, ésta última, en el caso de algunos municipios, están basadas en el fortalecimiento de la representatividad ciudadana, lo cierto es que tal representación no adquirirá solidez en tanto no existan mecanismos de sanción ciudadana y se dé un rendimiento de cuentas veraz.

Por principio, todos ganamos si los regidores son de elección y no de planilla, pues es claro que el voto es mucho más sólido y transparente que la imposición de funcionarios, más aún, cuando se trata de acuerdos entre partidos.

Lo mismo sucede en el caso del síndico, cargo que debe decidir la ciudadanía a través del sufragio. Qué tanto puede abonar la figura del síndico social, al igual que la del síndico procurador, si surge de las relaciones de poder.

En el caso del Congreso, la fórmula debería ser más simple apostando por la reelección de legisladores que por un mayor número de diputados. ¿Para qué más legisladores si los que ya hay no informan claramente a la ciudadanía sobre la manera en que se administran sus presupuestos?

Las claves para una mayor eficiencia son la rendición de cuentas y la sanción ciudadana mediante la reelección, o bien, la revocación de mandato; sin tales elementos, la sociedad está destinada a ser botín de los partidos, un simple espectador al momento en que éstos decidan incrementar los presupuestos sin saber bien a qué lo destinan.

En cuanto a la Reforma Laboral, se visualiza también un férreo interés por proteger las alianzas corporativistas, las cuales, siempre han resultado favorecedoras para los partidos y los gobiernos en turno. Es difícil pensar que haya un trabajador, afiliado a alguna de estas organizaciones sindicales, que esté de acuerdo con el hecho de no saber en qué y cómo se gastan sus aportaciones.

La discusión en torno a los derechos sindicales, de libre asociación y de otro tipo, mismos que cimentan una reforma estructural como ésta, siempre deberán ser llevadas a cabo. Por otro lado, hay temas como el de la transparencia que no debería meditarse discutir o no.

La reforma podría observarse entonces, desde dos ópticas: la de la discusión, que se centra en los derechos fundamentales de los trabajadores, empleadores y en la competitividad del país, y la de la férrea guerra entre los partidos por el mantenimiento de las estructuras del poder, obsoletas ya en el mundo actual. La primera es clave, pues si es bien llevada representa y promueve el interés de los mexicanos; no obstante, en la segunda sólo predomina la continuidad de la corrupción y la pérdida de competitividad.

*El autor es Presidente del Consejo coordinador empresarial de Tijuana.