Columna invitada: Bancarizando a miles de estudiantes

Por Daniel Solorio Ramírez

1 . Introducción: Me encuentro en el exilio forzoso (y falsario) decretado por Felipe Cuamea y me sobra tiempo para leer curiosidades. Así, curioseando, encontré en el portal “Campus México” una nota que me hizo saber que en 2006, ya en las prostrimerías del rectorado de Alejandro Mungaray, éste entregó por lo pronto a Santander, información confidencial de unos 45 mil estudiantes universitarios, sin consultarles si estaban o no de acuerdo, violando su derecho a la privacidad, desde luego. Desdeñando al derecho universitario.

2 . Abrirles cuenta bancaria: El banco abre a cada estudiante una cuenta bancaria y por módicos 50 pesos extiende una tarjeta de débito, que además, les sirve de identificación. Todo en automático y sin necesidad de preguntarles si quieren o no ser clientes de ese banco. Con el pragmatismo que caracteriza a los negociantes, al tiempo que desprestigia a los educadores, el hoy miembro – contra la ley – de la Junta de Gobierno de nuestra casa de estudios, no tuvo empacho en violar el derecho a la privacidad de los estudiantes, reconocido expresamente en el artículo 6 fracción II de la Constitución nacional, y 3, 8, 9, 18, 25 y 33 del Reglamento para la Transparencia y Acceso a la Información de UABC, que bajo el propio Mungaray el Consejo Universitario aprobó dos años antes. El creador de ese derecho fue el primero en conculcarlo.

3 . Violación de datos personales: Los datos personales de los estudiantes y trabajadores de UABC pertenecen a sus titulares, y sólo pueden ser entregados a terceros previa autorización por escrito, firmada por el titular de esos datos, y obstante, alegremente el gobierno de Mungaray no tuvo empacho. Simplemente dio esa información. A los inconformes el autor del desaguisado se limitó a decirles que “debían estar agradecidos” de que los bancos los tomaran en cuenta. ¿qué tal, el pragmatismo del rector, eh?

4 . Ganando clientes cautivos: En un hecho palpablemente anti-educativo, los bancos recibieron de un plumazo miles y miles de promisorios clientes, sin pedirles su consentimiento. Era el final del gobierno universitario de Mungaray, y el inicio del “mungarayismo,” que como una hidra se extiende por todos lados, y cuya existencia, operación y funcionamiento sólo Felipe Cuamea desconoce, o dice desconocer, aunque trabaja para ella.

Y el abuso llegó para quedarse. Ni Gabriel Estrella, ni Felipe Cuamea le han visto problema. Ya pasaron seis años y la cosa sigue igual. Pídale usted a cualquier estudiante su identificación y podré ver una colorida tarjeta de débito, con la fotografía del estudiante, en la que el hermoso escudo de nuestra casa de estudios alterna con un emblema bancario. Es obligado preguntar hoy a Felipe Cuamea:

¿A cambio de nada? ¿Los credencializan por pura generosidad? Santos Silva Cota nos enseñó que el deber fundamental de un rector es vigilar que todo acto universitario sea un acto educativo.

¿Podría explicar Felipe Cuamea a quién y cómo educa esta violación flagrante a los derechos de nuestros estudiantes?

*Ex director de la Facultad de Derecho de la UABC, actualmente sostiene un litigio contra la Universidad para ser restituido como profesor.