Colosio o el arte de morir a tiempo

Por Daniel Salinas Basave

Bendito sea el arte de morir a tiempo. Piénsalo bien Luis Donaldo: después de todo no te fue tan mal. Los cuerpos de los mártires no se corroen ni se llenan de gusanos; se mantienen frescos e impolutos en su ataúd de cristal.

La historia de lo que pudo haber sido es siempre idílica. La mejor presidencia posible es aquella que no se ejerció jamás. Al eternizarse en la mitología del sueño truncado y la oportunidad perdida, tu sexenio se convierte en ese idilio de democracia y justicia social que nunca llegó. La sed de justicia de los mexicanos habría sido saciada y todo habría sido tan diferente. 

Preciosa historia; desgarradora nostalgia por lo no ocurrido; mexicanísima nuestra añoranza por aquello que no sucedió ni hubiera sucedido nunca. Es como imaginar que la selección mexicana le habría arrebatado el Mundial 70 a Pelé de no haberse partido la pierna de Onofre. Te sucedió como a esos escritores que se suicidan jóvenes e inmortalizan el portento de obra que jamás llegaron a escribir y que acaso no hubieran sido capaces de escribir nunca. La muerte a tiempo opera prodigios. Admítelo Luis Donaldo: la banda tricolor sobre tu pecho habría empezado a pudrir tu memoria desde el momento en que te la colocaras; la misma memoria que permanece inmaculada gracias a la bala de Aburto. 

¿Estaríamos en otro lugar si hubieras sido presidente? No lo creo. No habrías encarcelado a Salinas ni evitado el error de diciembre. Es más, puede que ni siquiera hubieras podido ganar la elección y te le habrías adelantado seis años a Labastida como el primer candidato priista derrotado de nuestra historia.

Todas las iglesias requieren de su mártir para existir y justificarse; tú ocupas ese puesto desde hace 30 años. Rasgarse las vestiduras ante la tumba del sacrificado es la liturgia que dignifica al credo. Por ello tu figura le viene tan bien a México, aunque tu partido (al que habrías renunciado hace mucho) hoy sea poco menos que un indigno moribundo sobreviviendo con la artificial respiración de alianzas contra natura. 30 añitos y contando.

Ya es una tradición que de la Plaza de la Unidad y la Esperanza en Lomas Taurinas solo se acuerden en 23 de marzo. Solo en esa fecha se ven flores frescas alrededor de tu monumento. Los otros 363 días del año son de flores marchitas y absoluta desolación.

Ojalá el repentino colosismo de cada 23 de marzo abonara a que por lo menos se acuerden de la desvencijada biblioteca que yace en esa plaza, llamada Diana Laura Riojas, en donde hace años no entra un libro nuevo. Ojalá por lo menos le pusieran un poquito de atención a esa marginal zona de Tijuana, que más allá de la plaza, sigue sumida en la absoluta e histórica precariedad en que ha vivido siempre, pero ni siquiera para eso sirvió tu martirio. 

De verdad Luis Donaldo, no te fue tan mal. Piénsalo: no se puede ejercer el poder sin prostituirse. El solo hecho de estar vivo significa oxidarse lentamente, irse pudriendo y marchitando y tú te salvaste de la inevitable podredumbre.