De coleccionista de calzones a persona

Por Juan José Alonso Llera

Esta historia empieza con el primo de un amigo, que recibió  un mensaje después de varios años de haber dejado a una mujer, habiéndole pedido disculpas tardías por la manera cobarde de su huida:

“Me sorprendió mucho tu forma de actuar por un millón de razones, pero sobre todo porque te he considerado siempre una persona muy inteligente… aunque terminaste por confirmar la teoría que una vez te comenté… las personas más inteligentes que he conocido, en general son las personas más pobres en inteligencia emocional, supongo que el cerebro no cubre todas las áreas”.

Que fuerte, ¿no?, inmediatamente mi mente se cuestiona: ¿Qué tanta verdad hay en estas palabras?, que además ya no están viciadas por el ruido emocional, ya que el mensaje llegó varios años después de la furtiva relación.

Una cosa lleva a la otra y los cuestionamientos siguen.

Me desanima lo que se dice: «el o la infiel nunca cambian», morirán como coleccionistas de trofeos. Pero de verdad hay quien sí quiere cambiar, porque se ha da cuenta que ha hecho demasiado daño de manera inconsciente o pensando que es un juego. Al final llega el día en el que no desea continuar con esa vida. Todos podemos cambiar, pero requiere esfuerzo. Hay que estar dispuesto a verse en el espejo con la realidad escupiéndote a la cara, solo que nadie aprende por las buenas; hay quien con un par de bofetadas entiende y hay quien necesita golpes más duros para razonar, pero: “Árbol que crece torcido…” funciona, para los árboles, porque las personas contamos con un arma infalible que se llama voluntad, que es lo que define al ser humano, somos una mezcla  mágica de “Inteligencia y voluntad”. Así que se vale ser pleno y exitoso, o sea bueno racional y emocionalmente hablando.

Hay personas que tienden a hacer cambios superficiales y continúan siendo mala pareja, aunque siempre fieles. No es un asunto de esperar que la tormenta pase. Es sobre el vivir en un lugar donde siempre es tormentoso, la tormenta nunca va a pasar. La clave radica en dejar de ver a las personas como objetos para tu satisfacción personal. Ponte en los zapatos del otro para entender lo que siente.

Esto es un gran salto, ya que necesitas dejar de ser egoísta en tus relaciones y desarrollar una empatía genuina. Es como la persona que deja la droga y tiene que cambiar no sólo su estilo de vida, también debe cambiar a la gente que le rodea, sus influencias y la manera en que ve las cosas. Al final  siempre se puede, si eres coleccionista de calzones y quieres cambiar de forma legítima, lo primero que debes hacer es admitir que el único responsable de tus acciones eres tú, echarle la culpa a otras personas de tus actos no conduce a ningún lado. Hay que asumir tu responsabilidad y no reincidir, esto es vital si realmente vas a cambiar.

Lo próximo es envolverte en una introspección profunda y, experimentar el dolor original, usando esta introversión para nutrir, no para herir, pues muchos “coleccionistas” usan su nuevo conocimiento para herir de formas más profundas. Hay que dejar de hacerle daño a los demás  y a ti mismo, para realmente llegar a ser una persona sana y amar de verdad.

“Que se te rompa el corazón es la parte sencilla; saber cuando seguir adelante es el reto”.