Coaching y la psicología

Por Héctor Fernando Guerrero Rodríguez

El psicólogo no promueve ni condona el uso de técnicas o procedimientos de intervención psicológicos por parte de personas no cualificadas, psicólogos o no psicólogos, que carezcan de la formación, educación y experiencia supervisada formales, ni las delega en ellos. Esto es establecido por el Código Ético del Psicólogo de editorial Trillas en su quinta edición en 2010. En otras palabras, un psicólogo titulado y con cedula profesional, no debe recomendar o llevar a cabo prácticas que, aunque estén de moda, carezcan de sustento psicológico.

Sin embargo, cada vez es más frecuente ver personajes en un halo de narcisismo, con un gran carisma y un alto poder de convencimiento, algunos psicólogos, la mayoría no, que recurren a técnicas y conceptos tomados de la psicología formal, pero que los aplican de manera distorsionada, poniendo así en riesgo la salud mental de sus seguidores.

Uno de esos conceptos de moda es el llamado coaching, que hoy en día es vendido en sus distintas presentaciones, ya sea como personal, ontológico, transpersonal o cuántico, entre muchas otras más etiquetas, según al público al que se quiera incautar. Incluso se ha hablado en medio de las organizaciones del coaching para el desempeño.

Es innegable que las redes sociales y recientemente los llamados podcasts, han contribuido a la proliferación de coaches presentándose cada uno con una aparente nueva propuesta, que en esencia termina siendo lo mismo, pero con distinto incienso. Aunque el coaching afirma no ser psicología, la gran mayoría de las técnicas utilizadas en esta metodología provienen de alguna de las corrientes psicológicas aceptadas. Desde un coaching ontológico basándose en el psicoanálisis, la “no directividad” que viene del psicólogo humanista Carl Rogers, hasta el diálogo socrático que es una técnica clave en la terapia cognitiva. Es precisamente en lo anterior de lo que deriva el principal debate: ¿deben personas sin educación formal en psicología hacer uso de técnicas psicológicas?

Antes de una respuesta pronta, siempre es recomendable identificar las principales diferencias entre ambas. De inicio, la psicología es una ciencia que lleva más de cien años como tal, con numerosos estudios, acumulación y análisis de datos y observación de patologías.

El coaching se puso de moda a finales del siglo XX. Para ejercerla se requiere de años estudios universitarios, estar titulado y contar con una cédula. Un coach regularmente lleva un curso de unos meses. La psicología está regulada, el coaching no. Sólo por mencionar algunas.

Si hacemos una analogía con otras especialidades, no se recomienda ir con un sobador para tratar una lesión ósea; no se va con un curandero para tratar un cáncer. Se acude con un traumatólogo o con un oncólogo respectivamente. Por lo que, para un problema relacionado con la salud mental y emocional, se recurre a un psicólogo y/o psiquiatra.

Y así como no se va con un curandero a tratar un cáncer de pulmón, tampoco es recomendable buscar a un coach en lugar de un psicólogo. Porque si bien existen psicólogos que son coaches, también hay doctores que se han avocado a la medicina alternativa y eso no le da validez científica en automático. Ya que, aunque algunos coaches digan que el psicólogo es para trastornos o cuando “escuchas voces”, que ellos atienden al cliente que se encuentra en momentos que no sabe qué hacer en su día a día. También este tipo de dificultades son atendidas por un psicólogo.

El peligro grave es que un coach no sabe identificar rasgos psicopatológicos que pueden derivar en algún trastorno que ponga en riesgo la vida del paciente o de quienes lo rodean, y se pierda tiempo valioso queriendo hacer que un esquizofrénico encuentre sus propias respuestas, por poner un ejemplo.

Es importante la intervención de las autoridades de salud para: empujar la creación de leyes que regulen a los llamados coaches y sus escuelas de superación personal y, para educar a la población sobre los riesgos de no buscar ayuda con personal calificado y autorizado para tratar situaciones relacionadas con la salud mental.