Cisne negro

Por Juan Manuel Hernández Niebla

“Cuantos más datos tengamos, más posibilidad tendremos de ahogarnos en ellos”, Nassim Taleb

En la antigüedad en el viejo mundo se creía que todos los cisnes eran blancos, fue hasta el descubrimiento de Australia que encontraron que los cisnes podían también ser negros.

Desde entonces, el cisne negro se convirtió en un símbolo de la limitante del aprendizaje basado sólo en la observación y la experiencia, donde una excepción puede invalidar una creencia generalizada.

Consecuentemente, como cisne negro se identifica a aquel evento extraordinario que ocurre fuera de las expectativas normales, que produce un impacto tremendo, y que, pese a su condición de rareza, nuestra naturaleza humana nos hace inventar explicaciones lógicas y normales de su existencia.

El inicio de esta década y en particular el 2020, se convirtieron en un cisne negro, donde el Covid y la llamada “nueva normalidad” alcanzó al mundo y todos sus estratos sociales, forzando a los países a priorizar entre salud y economía, donde las acciones y decisiones ejercidas por cada nación han generado resultados diferentes.

La pandemia desnudó desigualdades y debilidades, donde contrario al pensamiento global, la catástrofe no fue provocada por una guerra nuclear, sino por un virus microscópico, que, generando un miedo e incertidumbre sin precedente, nos demostró que la historia es verdaderamente impredecible.

El inicio del confinamiento auguraba un fuerte impacto económico, pero conforme avanza el tiempo, el daño sigue creciendo y el cisne negro agigantándose, donde aún los países más previsores se han quedado cortos en sus medidas paliativas.

El 2020 nos dejó millón y medio de fallecimientos y un colapso económico mundial, recrudeciendo los resentimientos contra décadas de injusticia social, donde durante el 2021 desafortunadamente muchas de esas situaciones prevalecerán, como son los procesos de vacunación, los rebrotes del virus y sus nuevas cepas, y el posible recrudecimiento de los nacionalismos recalcitrantes ante la creciente migración de los países más empobrecidos.

En México el cisne negro se agiganta. Con una caída en el crecimiento económico del 8.5% en 2020, y la mayor crisis económica desde 1932, durante ese año perdimos 647 mil empleos formales, se cerraron más de un millón de empresas, y se generaron más de 10 millones de nuevos pobres.

Si bien existen proyecciones de crecimiento de 3.5% para 2021 y 2.7% para 2022, la lentitud de los mismos augura un sexenio perdido en materia de crecimiento y creación de empleos.

Ante la falta de incentivos económicos y un programa sustentado de vacunación masiva, nuestra única tabla de salvación pareciera ser el sector exportador hacia EU, donde los incentivos fiscales que familias y empresas están recibiendo y su programa de vacunación, auguran para ese país una rápida recuperación económica que deberá “jalar” a la economía mexicana.

Desafortunadamente en nuestro país la situación se complica conforme pasan los días. Sin suficientes vacunas e incentivos fiscales, la presión de los pequeños comerciantes por reabrir va en aumento, donde por consecuencia aumentaran el numero de contagiados, hospitalizaciones y fallecimientos, generando nuevas crisis de falta de infraestructura hospitalaria y medicamentos.

Mientras enfermos y muertos persistan, los aforos serán muy bajos, ralentizando aún más la recuperación económica.

Mientras en base a incentivos y políticas públicas adecuadas EU y otros países superarán la crisis del Covid durante 2021, por malas decisiones México tendrá una recuperación lenta y dolorosa.

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