Ciclovías

Por Dianeth Pérez Arreola

 

Ahora que la fiebre de los ciclistas invade las ciudades mexicanas, déjenme compartirles algunas experiencias sobre los carriles bici. El país donde vivo, oficialmente Países Bajos, pero mejor conocido como Holanda por ser ese el nombre de una de sus regiones más importantes, tiene una larga relación con las bicicletas.

 

El país tiene incluso más bicis que habitantes: 18 millones contra 16 millones de personas.

Los carriles bici abarcan 35 mil kilómetros, claramente señalados y en las vialidades principales son incluso de otro color.

Esto parece el paraíso para el incipiente movimiento ciclista de México, pero no. Todos se imaginan que será usado como se debe, los ciclistas estarán protegidos y los automovilistas estarán contentos. ¡No señores! Aquí les presento el futuro de las ciclovías para que no tengan falsas esperanzas:

Can Cán. Es de suponerse que los ciclistas se limiten a pedalear dentro del perímetro del carril bici, pero nada más lejos de la realidad. Entre más joven y lleno de espinillas sea el ciclista, éste tenderá a formar una línea horizontal con sus acompañantes, que pueden ser entre dos y cuatro, haciendo una formación en paralelo para no perderse detalle de la plática y poder participar en ella.

Dicha formación obstaculizará el paso tanto para automovilistas como para ciclistas.

Bambi en el hielo. Por una extraña razón del destino, los holandeses tienen una enfermiza fijación por hacer que sus hijos aprendan a andar en bicicleta lo más pronto posible. Esto da como resultado una horda de niños de entre tres y cinco años zigzagueando en la bici, pedaleando con la misma estabilidad que Bambi en el hielo a las horas pico de entrada y salida de la escuela.

El padre o la madre de la criatura irá junto al estorbo en cuestión, ocupando espacio en el carril de autos para dejarle toda la ciclovía a su retoño, haciendo muy difícil rebasarlos. Los carriles especiales pueden dar una sensación de falsa seguridad.

Aquí hay cerca de 200 ciclistas muertos en accidentes al año, así que por favor no deje usar los carriles bici a sus hijos hasta después de los 25 años.

Sin manos. Lo que antes se limitaba a los ciclistas más jóvenes, se ha extendido a todos los rangos de edad: ir entretenido revisando las redes sociales en el teléfono mientras van en bici. Las iniciativas para castigar este comportamiento con multa han fracasado.

No tuviera nada de malo si esto solo les ocasionara accidentes a ellos, pero frecuentemente colisionan con algún inocente que no pudo evitar el choque o hacen dar un frenón a los automovilistas. Sobra decir que las madres de estos especímenes, les son recordadas casi a diario.

 

Motitos. Aquel que soñaba con una Harley Davidson y que solo le alcanzó para una Chispa Carabela desfoga sus frustraciones haciendo miserable la vida de los ciclistas. Esas bicis con motor deben moverse en las ciclovías. Como regla general, el propietario de estas motitos deberá ser antisocial, gandalla y feo. Mostrará estas cualidades zigzagueando entre los ciclistas del camino, pasándolos a milímetros de distancia y fumigándolos con el tubo de escape. No esperen milagros de los carriles bici. Esto es lo que hay.