Cicerón dijo

Por Maru Lozano Carbonell

Marco Cicerón, quien vivió en el imperio romano, dijo que: “Los pobres trabajan y trabajan. Los ricos explotan a los pobres. El soldado protege a ambos. El contribuyente paga por los tres. El prestamista roba a los cuatro. El abogado engaña a los cinco. El doctor cobra a los seis. Los matones asustan a los siete. El político vive feliz a costa de los ocho”.

Es que la palabra político es ser cortés con frialdad y reserva, cuando se esperaba afecto. Así que aquí el político no es tanto el que realiza una actividad como ciudadano interviniendo en los asuntos públicos, sino el que con artilugios emplean ciertos medios para alcanzar un fin determinado.

Ese jefe, esa pareja, ese hijo… esa persona que te decepciona y te cala porque no lo esperabas, que fue vampiro emocional, sensorial y económico, resulta ser singularmente feliz a costa de tu tiempo, tu confianza, tu espacio y tu todo.

¿Quién tiene la culpa? Es que todos en esta vida deberíamos ser impecables al tratar al otro.

La forma que tiene la gente aprovechada de acercarse al ambiente carece de nobleza, no ha practicado ese valor porque no se lo modelaron y porque no asume consecuencias. ¿Cómo podría entonces ser empático con los sentimientos de los demás? ¿Te acuerdas del Chapulín Colorado cuando decía: “Se aprovechan de mi nobleza”? Cuando una persona no practica la maldad es primitivo y da placer aplastarle. Pisando y subiendo. Lo malo es que la gente al ser lastimada, necesitará afilar cuchillas.

El futuro es hoy, definitivamente, ¿cómo estamos educando a nuestros niños y jóvenes? ¿Cómo estamos permitiendo y evadiendo las pautas de convivencia? ¿Se necesita ley y justicia dura sin más? Es que confunde porque yo veo que gente del medio artístico y bastantes otros de cuello blanco viven de lujo con dinero del erario público y andan felices despilfarrando, engañando, riendo y siguiendo lo que Cicerón dijo, tal cual.

Si la pirámide de la sociedad tiene como base al montón de gente y hasta arriba en la puntita está la Autoridad, ¿qué tal si empezamos a mover desde abajo la estructura para que se desmorone? ¿Sería posible?

No, porque los que sí somos honestos, sin maldad, empáticos y nobles, no concebimos la práctica del narcisismo. No sabemos engañar, robar, aplastar pero sí ¡guardar! Lo que pasará entonces es que cuando elijamos amigos, compañeros de pupitre, de trabajo, pareja y demás, ahí nos desquitaremos de la opresión vivida y aplicaremos lo que nos hicieron y lo que a la mala nos modelaron. Vaya, ¡hasta nos desquitaremos con las paredes grafiteando o con la flora o con la fauna!

Ya si no, para no sentir, pues nos podríamos volver adictos a lo que se pueda o quizá aflore nuestra creatividad… pero con nuestras cuchillas ya afiladas y el resentimiento acumulado.

¿Es así el lugar en el que queremos vivir? Mejor optar por escuchar a nuestros jóvenes, a nuestros trabajadores… ¡a todos! Primero saber cómo están, qué necesitan y cómo se puede combinar lo que el otro siente, lo que el otro necesita para que en conjunto se vaya por los intereses. Los límites los empezaremos a marcar cuando verbalicemos un “ya basta” y demostremos con actos un “ya no”, porque también Cicerón dijo: “No hemos nacido solamente para nosotros”.