Chente en las Ardenas

Por Dianeth Pérez Arreola

Después de serpentear por pueblos con casas de piedra en el área de bosques y colinas de Bélgica llamada Ardenas, se llega al pequeño pueblo de Sy.

Es un lugar mágico: unos cuantos hoteles pequeños junto al río Ourthe, rodeado de pinos, con una gastronomía única y un clima perfecto en verano.

Fui un fin de semana junto a mi esposo, mis hijas y mis padres, que están aquí de visita. Al saber que un grupo de mexicanos estaba entre su clientela, el simpático dueño del hotel nos sorprendió el segundo día durante la cena, cuando nos miramos de repente al oír “Mujeres divinas”.

La música ambiental esa tarde fue de Vicente Fernández, Maná, Marco Antonio Solís, Lila Downs y Alejandro Fernández. El hombre nos contó que lo había vendido todo, y se mudaba con su mujer al sur de España la semana siguiente.

¡Pero si esto es tan hermoso!, le dije. Sí -contestó- pero diez semanas al año el sol no pasa la colina de enfrente. Además, en las pocas semanas que he estado allá preparándolo todo, he hecho más amigos que en cuatro años aquí, dijo.

Lo entiendo, pensé, ¡si yo le contara como son los holandeses!, pero no era cosa de ponerse a hablar mal de los paisanos de mi marido enfrente de él. A los mexicanos nos basta emborracharnos una vez juntos para ser amigos de por vida, pero los europeos honran su fama de fríos y distantes.

La diferencia es que los han enseñado a ser individualistas: primero yo, luego yo y siempre yo. Claro que hay excepciones, pero por lo general los hijos no asumen la vejez de los padres como una responsabilidad, ni los padres el costear la educación superior de sus hijos. Los problemas emocionales y/o económicos no se hablan ni con la familia ni con los amigos. Aquí cada quien se rasca con sus propias uñas y no tienen esa conexión tan fuerte con la familia como la tenemos los latinos.

En fin, que el hombre y su mujer se mudaban a su nueva vida llena de sol y amigos en unos días, y él bailaba feliz dentro del restaurant del hotel con la joven mesera que solo hablaba francés, una canción de Maná.

Al día siguiente la mesera nos agradeció con un abrazo y un beso la propina de la noche anterior, y comunicándonos entre francés, holandés e inglés, nos dijo que después del verano estudiaría psicología forense, que vivía en ese pueblo y que pronto empezaría a trabajar de cajera en un supermercado mientras empezaba la universidad.

A veces todo coincide para hacerlo todo perfecto; un lugar con una naturaleza casi intacta, el sonido adormecedor del rio y el aire entre los pinos, la compañía de la familia, la comida deliciosa y gente feliz de ver gente feliz, coincidiendo brevemente en este lugar del mundo.

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