Cero tolerancia a los anti vacunas

Por Daniel Salinas Basave

Me he resignado a lo infructuoso de intentar convencer a un fanático de lo erróneo de sus filias y fobias. De nada valen razonamientos o demostraciones, pues las mentes cerradas suelen ser como piedras sordas.

En este mundo nuestro tan polarizado en donde cada quien defiende con uñas y dientes su trinchera de creencias y prejuicios, es cosa inútil tratar de hacer cambiar a alguien. Al final del camino optamos por llevar la fiesta en paz y respetar las creencias de los demás pues nosotros queremos que respeten las nuestras.

El respeto y la tolerancia es lo deseable cuando hablamos de convicciones políticas o religiosas pero topan con pared cuando la ciencia va a de por medio. Si yo no creo en ningún dios y no voy a misa es algo que no afecta en absoluto a mi vecino. Tampoco les perjudica que yo no piense votar en la ridícula consulta popular del 1 de agosto, pues no me quiero prestar al juego circense de un populista. Hasta ahí llevamos la fiesta en paz.

Lo que sí hace una enorme diferencia en la vida del prójimo, es si yo creo o no en las vacunas o en las medidas preventivas y de sana distancia para evitar que la variante Delta del Covid se siga propagando. Si la gente quiere creer que la ciencia es una gran estafa o un maquiavélico plan del neoliberalismo universal para robarnos identidades, allá ellos, pero entre que son peras o son manzanas, tu obligación es ponerte la vacuna, creas o no creas en ella. ¿No te la quieres poner? Muy bien, entonces atente a las consecuencias.

Yo estoy totalmente de acuerdo con las medidas implementadas en Francia por Emmanuel Macron. El país galo exigirá el certificado de vacunación a quienes quieran usar el transporte público o ingresar a bares o centros comerciales. Si no les gusta, siempre quedará la opción de quedarse en casa.

En las puertas de los supermercados he visto a mucha gente hacer corajes porque no los dejan entrar sin cubrebocas. Podrán hacer el berrinche que quieran y perorar misa pero la realidad es que la prohibición de entrar con el rostro descubierto a comercios o lugares cerrados está marcando diferencias.

Lo mismo debe aplicar en México para la vacuna. Si tú crees que ser vacunado forma parte de una gran estafa patrocinada por Bill Gates y bla, bla, bla, vale, cada quien puede hacer de su cabeza un papalote, pero por favor no anden exigiendo trato igualitario. La tan cacareada inmunidad de rebaño no la vamos a conseguir hasta que una respetable cantidad de mexicanos estemos vacunados.

La humanidad le debe demasiado a la ciencia, mucho más que a los políticos, los caudillos militares o los artistas. Los científicos han salvado millones de vidas con sus descubrimientos. De no ser por la ciencia, hoy estaríamos viendo morir a la tercera parte de la población de un hemisferio como ocurrió con la peste negra del Siglo XIV.

Gracias a la ciencia podemos hacer frente a esta pandemia sin estar viviendo un holocausto de proporciones apocalípticas. Sólo la gente mentecata e idiotizada puede descreer de las vacunas.

De acuerdo, uno en su fuero interno es libre de creer en duendes o alienígenas, pero no puede andar por la vida contagiando gente o propagando un virus sólo porque se opone a la ciencia. En estos momentos no se puede ser tolerante con el oscurantismo.