Cavando el futuro

Por Claudia Luna Palencia

António Guterres, titular de la ONU, lleva un tiempo utilizando un tono apocalíptico para hablar del daño climático a ver si es que, por fin, nos entra el miedo en el cuerpo y hacemos algo radicalmente necesario para liberarnos de nuestro actual modo de producción y de consumo.

Tal y como él lo dijo durante la inauguración de los trabajos en la COP26, en Glasglow, resulta que los últimos seis años transcurridos desde que se firmó el Acuerdo de París han sido –precisamente– los más calurosos.

Guterres ha vuelto a remarcar el sentido de responsabilidad colectiva a través de “la última llamada” para llevar a cabo acciones más agresivas para reducir todas las emisiones contaminantes y proteger la biodiversidad porque el tiempo corre y “hay que tomar una decisión difícil o acabamos con ella o ella acaba con nosotros”.

“Basta de maltratar a la biodiversidad. Basta de matarnos a nosotros mismos con el carbono, basta de tratar a la naturaleza como un retrete… basta de tantas quemas, perforaciones y minas cada vez más profundas”, insistió.

Y aunque recrudeció el llamado de atención aseverando que “estamos cavando nuestra propia tumba”, esta COP26 que inició el pasado 31 de octubre y concluirá el 12 de noviembre está resultando más politizada que nunca tras la retórica inflamable de un Joe Biden que ha llegado a responsabilizar a China y a Rusia por su falta de compromiso ante el cambio climático.

Al desdén, ante el calentamiento global mostrado en su momento por el anterior presidente norteamericano, Donald Trump, ahora resucita el compromiso ecológico del demócrata Biden cuya Presidencia va experimentando una rápida erosión.

Si bien nada ha variado en la postura norteamericana antichina y antirusa  de los últimos años, Biden está buscando aliados occidentales para, mediante el multilateralismo desde los organismos internacionales, impulsar una serie de alianzas orientadas fundamentalmente a hacerle un vacío tanto al gigante chino como al ruso. Si ya ese sentimiento se dejó sentir en la pasada edición de la OTAN, del G7 y del G20, en la COP26 también estuvo presente.

En la participación de Biden, en varias ocasiones hizo alusión a las dos claras ausencias en la COP26: tanto del mandatario chino, Xi Jinping, como de su homólogo ruso, Vladimir Putin.

Tanto por activa, como por pasiva, Biden señaló a ambos de falta de interés y de compromiso real para frenar el cambio climático con una temida alza de la temperatura global que, en el peor de los casos, podría llegar a los 2.7 grados centígrados al final del siglo XXI lo que, a juicio de los científicos, sería catastrófico para todos los seres vivos.

El peloteo de declaraciones encontradas entre las delegaciones norteamericana y la china ha eclipsado la cumbre del clima cuyas buenas intenciones nuevamente es criticada en la calle con múltiples protestas en Glasglow; los miles de activistas vociferan arropados por la joven Greta Thunberg convertida en la vocera juvenil de la ecología.

Si Biden acusó a China de ser uno de los mayores emisores de CO2 en el mundo y de contaminar con su producción desmedida y de falta de interés para tener compromisos más serios a favor de un modelo más sustentable, ha sido Zhang Jun, representante permanente de China ante la ONU, el encargado de defender a su presidente.

A colación

Si para Trump lo del clima era un “cuento chino” según lo escribió en 2016 en su clausurada cuenta de Twitter, una pretensión inventada por China para “restar competitividad a la industria norteamericana”, para Biden es la oportunidad para sancionar más a China señalándola como la más contaminante del orbe y la menos responsable ante el calentamiento global.

El nuevo inquilino de la Casa Blanca sigue con el juego de acorralar al gobierno de Beijing desde todos los frentes ya Guterres había puesto la cereza en el pastel al conminar a los presentes al cónclave climático a tomar acciones más concretas y efectivas para reducir las emisiones globales un 45% en 2030.

Ya en la COP3 surgió el Acuerdo de Kioto en 1997 como un compromiso entre los países industrializados para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero fundamentalmente las emanadas del carbono.

Ahora, 24 años después, Biden junto con los líderes europeos han negociado un nuevo pacto que han hecho extensivo a otros países encaminado a reducir 30% las emisiones de metano uno de los gases que más contribuyen a elevar la temperatura y con un fuerte efecto invernadero. Al nuevo acuerdo no se adhirieron ni China, ni Rusia, ni India, ni Irán… al fin y al cabo que esto es geopolítica pura y dura; lo del clima para los climatólogos.

Compartir
Artículo anteriorOperación Masacre 
Artículo siguienteTraición