Catas virtuales ante el distanciamiento

Por Adriana Zapién y Valente García de Quevedo

Recuerdo con aprecio hace unos 10 años el intento de hacer una cata virtual con participantes de toda la República en un recién nacido Twitter. Se pidieron los mismos vinos en todas las sedes y se procedieron a abrir las botellas.

Todas eran Nebbiolos de los Valles de Ensenada y uno de ellos era un Barolo. La idea, era tratar de comparar la tipicidad del Valle con la muy diferente Nebbiolo italiana.

Mi buen amigo Joaquín Fernández Rizo me permitió llevar mi computadora y abrir los vinos en su bar de vinos.

Recuerdo las dificultades técnicas para conectarnos por un internet de banda muy baja que había en esa época y los horarios principalmente en el centro del país. Yo, muy moderno, conecté mi computadora a un proyector y teníamos una pantalla de unas 100 pulgadas para seguir el desarrollo de la misma. Se intentaron subir imágenes en vivo pero fue un desastre, el mismo Twitter se entrecortaba por momentos y la tecnología incipiente no permitió que la cata se desarrollara con éxito.

Diez años han pasado y ante el avance tecnológico parecen más, pues ahora contamos con conexiones de 4.5 G por toda la ciudad y en algunos lugares del mundo ya presumen el 5 G; además, los omnipresentes teléfonos inteligentes en nuestros bolsillos cuentan con red permanente y con múltiples aplicaciones que no existían hace 10 años.

Adicionalmente, y por el trabajo a distancia, se crearon plataformas impresionantes donde se pueden hacer reuniones hasta con 100 miembros en tiempo real y en cualquier parte del planeta donde exista una conexión a internet.

Además con el pago premier, se pueden hacer del tiempo que uno considere necesario, donde puedes incluso duplicar el teléfono o poner alguna presentación en PowerPoint. Y en las más sofisticadas, hasta traducción simultánea del curso en cuestión.

Mi grupo de cata, Ardogorri, no se ha querido quedar atrás y el mes pasado hicimos algo muy improvisado para ver si era posible, pero para este mes, ya con la certeza de la pandemia en la región, nos organizamos mejor y el sábado pasado se cataron vinos españoles y portugueses y los armonizamos con los platillos que fueran acordes con las bebidas que cada quien cocinó o pidió a alguno de los restaurantes cercanos.

El primer vino fue un Albariño 2018, algunos lo probamos de Rías Baixas, de donde procede esta uva y otros de la vecina región portuguesa del Vinho Verde, donde los Albariños son un lujo. Esta uva aromática nos conquistó con su fragancia y frescura, además de su elevada acidez.

El siguiente vino fue un Priorat de Torres aún joven (Salmos 2017) que era una combinación de Garnacha Tinta, Cariñena y Syrah procedente de varios pueblos de la región. Era una explosión de frutos rojos y negros con gran mineralidad y al final, algo de barrica.

Para el primer vino Adriana y yo decidimos preparar unos pulpos al ajillo con abundante mantequilla que armonizaba perfectamente con el Albariño. Adicionalmente, filete de lenguado a la naranja, también excepcional.

Para el Priorat decidimos hacer un pastel de carne con pimientos y tocino que se llevó a las mil maravillas con el vino. Mis compañeros de grupo, cada uno cocinó un platillo distinto, desde almejas frescas, risottos hasta el Rib Eye.

En mi opinión el evento fue todo un éxito que seguramente replicaremos el próximo mes. Si usted querido lector tiene un grupo de cata o amigos, no pierdan la oportunidad de convivir y realizar eventos como el que he narrado, seguro resultará un éxito.