Carta a un defensor de la familia

Por Daniel Salinas Basave

Hola cristiano- Me dirijo a ti que este sábado has ido a marchar en pro de la familia y sin preámbulos voy al grano. ¿Sabes qué es lo más patético de tu perorata? Tu cinismo de proclamar que marchas en nombre del amor, del bien, de los valores. ¿No te parecería más honesto aceptar el profundo odio que sientes? ¿Acaso no es más digno admitir la repugnancia, la furia y el miedo que te inspira todo aquello que no es como tú? ¿Por qué no reconoces que te da pavor mirar a los ojos del otro, del diferente, del raro, del anormal, del extraño?

Así lo has hecho a través de los milenios. Hace algunos años, no muchos, eras un inquisidor y te dedicabas a quemar a todo aquel que contradijera tu modelito de mundo cristiano. La bruja, el hereje, el pagano, el librepensador, el homosexual, la lesbiana, el disoluto. Para ellos deseas y has deseado siempre una enorme pira sacrificial. Admítelo ¿A poco no disfrutarías mandando la hoguera a  esos homosexuales que se creen con el derecho de poder casarse?

Acéptalo: tus valores  son idénticos a los de un terrorista de estado islámico. La diferencia es que el musulmán lleva a la práctica lo que tú solamente deseas. Los hijos de la yihad ponen bombas para masacrar a los apóstatas y ateos como yo, esos infieles que no tienen temor de dios y que tú también deseas castigar. Eres idéntico a la horda protestante amante del KKK que llevará al poder Donald Trump en Estados Unidos, bíblicos racistas que, al igual que tú, odian y temen a quien es diferente. Ellos vomitan sus miedos en el migrante y tú en el homosexual. 

Aceptar las diferencias, hijito de dios, significa respetar al que tiene costumbres sexuales que no son exactamente como las tuyas. Tolerancia me implica a mí aceptarte, pero  tú en cambio llevas siglos matando y condenando al diferente y el sábado saliste a marchar porque rechazas a quien no es como tú exiges. 

A diferencia de ti, yo  admito que en el terreno de la afectividad, de las relaciones humanas y de la sexualidad hay muchas formas de amar y vivir una vida en plenitud, pero a ti eso no te entra en la cabeza. Tú quieres imponer a chaleco el modelo de humanidad en el que crees y no eres capaz de admitir otro. El concepto otredad te aterra. Tienes miedo ovejita cristiana, mucho miedo, porque te sabes cómplice en tu silencio frente a los niños violados por Maciel y sus legionarios; cómplice por los millones de muertos de sida en África, inmolados en nombre de la anticoncepción prohibida por tu genocida papa polaco. Tienes pavor, porque sabes que al final la ciencia te va a ganar la batalla; sabes que los hombres acabaremos haciendo las cosas que hoy le atribuyes a tu dios y la historia  te recordará con profunda lástima  como el retrógrada oscurantista que eres. Tienes miedo porque sabes que la luz de la razón mata la perorata de tu imaginario amo. La paz sea contigo.